sábado, marzo 01, 2008

Historia de un amor que vivieron unas horas y sobrevivió toda una vida...


Hacía treinta y siete textos que se conocían, es decir se leían. Ella escribía relatos eróticos sutiles y delicados; él mini ensayos de gran densidad conceptual pintados de color mandarina (utilizaba un spray de ironía fosforescente muy eficaz para aligerar virtualmente el peso desmesurado de sus palabras). Él escribía de madrugada; ella lo desayunaba con los ojos. Ella le escribía a medio día; él la leía a media noche. Él se enamoró de sus palabras aquella noche que leyó: “me acaricio con las cejas de tus eñes”; ella se corrió nada más imaginar “dos espejos cara con cara, piel con piel: nada se refleja, nada se ve, nada se dice”. Al texto veintiuno ambos se despedían con parecidos besos; en el veintinueve iniciaban sus escritos con el mismo saludo: “querido/a”… Sólo un día se leyeron en “tiempo real” en el messenger de Hotmail, ambos desconectaron al mismo tiempo sus webcam para no caer en la tentación de desnudarse y masturbarse frente a sus ojos desconocidos. Por fin en el texto treinta y siete él le escribió: “quiero hacer el amor contigo o follar, ya veremos, un día de estos, pronto”; ella escribió: “quiero pensarlo”. Al día siguiente ella le envió un e-mail que decía: “sí”; él le respondió inmediatamente: “gracias”… Al día siguiente se escribieron sendos e-mails cortos pero precisos. Ella le decía cuales eran sus condiciones para el encuentro: primero, se verían en Madrid, su ciudad; segundo: nada se tenían que preguntar ni nada se deberían contestar; tercero: ella elegiría el hotel y reservaría la habitación, la pagarían a medias; cuarto: sólo se regalarían una botella de vino cada uno, las beberían juntos el resto de la noche; quinto: se encontrarían en la habitación del hotel nada más anochecer, alrededor de las ocho, casi era primavera; sexto: todo les estaba permitido pero sólo esa noche, hasta el amanecer, a media mañana cada uno seguiría su vida y nunca harían por encontrarse, ni siquiera para leerse; séptimo: le quería decir que no le importaba ni su edad ni su aspecto físico ni su condición social, seguramente su tipo se encontraría entre el catálogo de hombres que habían sido sus amantes y por lo tanto no debía preocuparse por ello… sólo iban a follarse una noche y ojalá amarse con toda intensidad una horas. Él le contestó casi de seguido aceptando sus condiciones y añadiendo otras propias; primero, no cenarían, no estaban para perder el tiempo con estúpidas pruebas de sibaritismo; segundo: no les estaba permitido dormirse, bastante se habían soñado todos los días desde que empezaron a leerse; tercero: cuando se encontraran estaba prohibido decirse “hola, qué tal” y al despedirse no se dirían “hasta luego”, por supuesto; cuarto: se bañarían juntos antes de partir cada uno a su ensimismamiento, dejarían que sus líquidos y olores se fueran superponiendo a lo largo de la noche hasta obtener la pátina deseada de su deseo desbordado… bañarse juntos sería la ceremonia sacrificial de su despedida y abandono para siempre; quinto: no dejarían que nada ni nadie interrumpiera “su sacrificio”; sexto: se besarían nada más encontrarse, se despedirían con un beso largo y profundo hasta que les faltara el aire y sus cabezas y pulmones no pudieran soportar el oxígeno carbonizado de sus ajenas respiraciones; séptimo: le quería decir que no le importaba ni su aspecto físico ni su condición social, seguramente su tipo se encontraría entre el catálogo de mujeres que habían sido sus amantes y por lo tanto no debía preocuparse por ello… sólo iban a follarse una noche y ojalá amarse con toda intensidad una horas; pero sí le importaba su edad, para continuar no debía ser menor de quince años ni mayor de cincuenta y uno, era una fobia, nada más… Ella le contestó a la mañana siguiente aceptando sus condiciones. Los demás días siguieron en su rutina de leerse e imaginarse. Al texto cuarenta y tres, él le propuso que su encuentro fuera el próximo día catorce de marzo; argumentaba cabalísticamente: “es el día 73 del año solar, exactamente la fracción quinta de sus 365 días; el 73 es un número primo poderoso, su correspondencia cabalística es “ChKMH”, es decir Chokmah (sabiduría, buen sentido), se le representa con la letra “G” y con un ojo en el interior de un triángulo (y así aparece en el vértice superior de la pirámide fundacional de los EE. UU. y en su dólar, símbolo de origen fracmasón); también el 73 es el número reverso de 37, otro de los más decisivos números primos, por ejemplo interviene misteriosamente para componer el número 666(6+6+6x37=666), el nombre de la bestia, y en el número 999 (9+9+9x37=999), es decir el número de los nombres de Dios… Además el día 14 de marzo se celebra en la Worldweb el “Pi Day”, el Día del número irracional “pi” que sirve para entender y medir un universo esférico que se expande en círculos concéntricos”. En su texto cuarenta y cuatro ella le confirmó su encuentro el día 14 de marzo, ampliando los signos propicios de ese día: “esta fecha participa de los Idus de Marzo, que en la tradición romana eran días de buenos augurios, en tal día nacieron Albert Einstein, el filósofo Merleau-Ponty, El pintor Adolf Gottlieb, la fotógrafa Diane Arbus, el compositor y director de orquesta Les Baxter y el actor Michael Caine, también murió un 14 de marzo Karl Marx; además se celebra en Japón el Howaito de o “White Day”, similar a nuestro día de San Valentín, en el que las mujeres hacen regalos de chocolate a sus amados”… A él y a ella tales coincidencias les alegraron el corazón y ahuyentaron definitivamente sus dudas y precauciones acerca de su próximo encuentro —que las tenían hasta entonces, aunque aparentaban un estético desapasionamiento. En los días posteriores no se escribieron ni leyeron todos los días, hubo días de silencios. El 7 de marzo él recibe un e-mail en el que ella le dice que prefiere que se encuentren en el hotel al anochecer del día 13, así podrán consumar su encuentro durante toda la noche y mañana del 14; él le contesta que estaba pensando lo mismo… está totalmente de acuerdo. Antes del 13 sólo escribieron cada uno un largo texto sobre sus temas: el de ella se titulaba “Alice se lo monta con dos hermanos gemelos exactamente iguales”; el de él se titulaba “Carta de amor de un escritor a quien le lee o lo que tenemos en común Ella y Yo y sólo nos dijimos”… Lo único que se habían permitido decirse de sus gustos y detalles personales en aquellos ya cincuenta y tantos días que escribían y se leían era el nombre de su perfume favorito —es muy importante conocer el olor de quien te escribe no sólo el olor de sus palabras. Por no se sabe qué extraños caprichos del destino ambos usaban perfumes de la misma casa Diptyque de París, raros y muy difíciles de encontrar en España. Ella prefería el clásico Ombre dans l’eau —hojas de grosella y rosa de Bulgaria; él Eau lente —resina de opopanax, especias hindúes, nuez moscada y canela. Los dos estaban seguros que acudirían a su cita con sus perfumes favoritos; antes de encontrarse ya se olían, y se gustaban. El día 12 de marzo ella le escribió un corto e-mail: “Hotel Puerta América. Silken. Planta 10. Arata Isozaki de luxe Room. No llegaré antes de las 8h P.M. Besos en tu alma. Eleanor”. Él supo entonces que se llamaba Eleanor; hasta entonces la conocía con el nombre de Silvia Togores, así firmaba sus relatos eróticos,. Le respondió inmediatamente: “Estaré en la habitación a las 8h P.M. Caricias por tu espalda con las palmas abiertas. Bruno —hasta entonces ella le conocía como Pau Llanes. Eleanor y Bruno se encontraron exactamente a las 8,17h P.M. del día 13 de marzo de 2008 en una habitación diseñada especialmente por Arata Isozaki para el Hotel Puerta América de Madrid; una habitación espaciosa de líneas y volúmenes sobrios, rectos, pretendidamente minimalistas, próxima a la estética zen, con superficies lisas y paredes de madera y estucadas, suelo de madera clara, predominando los negros y el gris perla, luces indirectas, misteriosas; sobre la cama queen size había un cubrecama y cojines de seda negra de colores carbón y ceniza; la habitación estaba exquisitamente entonada y era armoniosa salvo por un alto y voluminoso mueble lacado en rojo cinabrio de Kamakura que alojaba el bar y una pequeña nevera; a la izquierda, la pared quedaba interrumpida por una gran superficie de cristal —de suelo a techo— por donde la luz natural llega del exterior, domesticada y filtrada por una celosía de inspiración japonesa de madera pintada en negro… Bruno había llegado puntual al hotel y solicitado la tarjeta de acceso a la habitación que estaba reservada a nombre de Mr. Bruno y Mrs. Eleanor, simplemente. Subió al décimo piso y descubrió la habitación y luego el baño espacioso, dotado de una gran bañera-furo de tipo japonés en piedra pulida color crema; el resto de instalaciones y superficies eran blancas como la nieve; Bruno se enfrentó entonces al gran espejo de la verdad sobre el lavatorio y sonriéndose se dijo para sí: “Ya no hay salida, Pau Llanes”… Todavía tuvo unos minutos para trastear en el sistema multimedia y programar la música de fondo cuando sonó el timbre de la puerta. Abrió y en dos pasos ella entró al interior de la habitación, dejó caer una bolsa en el suelo y cerró la puerta a su espalda. Se abrazaron sin decir palabra y casi sin mirarse, se besaron con los ojos cerrados. Se probaron los labios de poco en poco, aprendiendo sus humedades y texturas, acomodándose para encontrar su mejor ángulo y penetrándose lo justo, dejándose moldear a su gusto, sus lenguas se buscaron tímidas al principio, luego se disfrutaron y jugaron divertidas, sin prisas ni brusquedades, en un rato sin tiempo empezaron a beber sus salivas, a respirarse, a atemperar en una sola sus propias temperaturas, a acrecentarlas, les ardían los labios y las mejillas cuando terminó aquel largo beso con el que se inauguraban, confiados ya, hasta entrañables. Su primer beso había tenido como fondo Mysterons de Portishead, ambos conocían de memoria su letra… Eleanor era rubia, media melena ligeramente planchada, ojos verde musgo, guapa y elegante, un poco más alta que Bruno con sus zapatos de tacón. Bruno era moreno, cabello corto, rostro y gestos varoniles, con barba corta a tramos gris plateada, ojos marrones… ¿o no? —qué maravilla—, ojos de distinto color: el derecho marrón avellana, el izquierdo azul profundo o gris oscuro. Eleanor se detuvo más que en sus ojos en su mirada, entendió lo que le decía Pau Llanes cuando le escribía que miraba lejos; miraba lejos hasta de cerca; Eleanor se estremeció con sólo una mirada… Se desabrazaron lentamente y Bruno le ayudó a despojarse de su casaca oriental verde con ribetes y detalles naranjas y dorados; llevaba un vestido de punto gris imantado a su cuerpo, medias-leotardo verde botella y zapatos de tacón color Burdeos. Bruno vestía informal y bohemio: sweater holgado de punto color verde grisáceo, jeans y calzado deportivo, en su muñeca derecha llevaba dos pulseras de plata vieja y cuero, un anillo en cada mano, diferentes, nada comunes, el uno con un granate engarzado, el otro con una hermosa piedra de luna… Él se movía ágil y decidido, natural a su manera, tenía figura y ademanes de marinero o cazador o guerrero. Ella era lenta y precisa en sus gestos, natural también a su manera, parecía una geisha o una leona al acecho o una libélula… Eleanor recogió la bolsa que había abandonado al entrar y adentrándose en la habitación comentaba: “me gustan los ambientes japoneses… traje lo convenido, pero me permití traer también un par de copas para el vino… te imaginaba más mayor, no sé si lo eres, pero tu aspecto es más joven de lo que pensaba… bueno, también he traído chocolate, ya sabes, casi es el White Day… me gustan tus dos nombres, cómo besas”… Al llegar al mueble rojo se detuvo, miró con detalle en su interior y volviendo su rostro hacia Bruno —que la seguía a escasos pasos— se rió con él en una risa coral y desinhibida… “Yo también traje dos copas de vino y una tableta de chocolate, por si acaso” —Bruno dice estas palabras con voz de durazno, grave pero no bronca… Su ajuar y común botín: Clos Mogador 2001 y Clos des Papes 2005 de Châteauneuf du Pape, copas de Italesse y Paul Bocuse, dos tabletas de chocolate Amedei, el uno Chuau, el otro Magadascar… —no hace falta decir de quién es cada cosa; desde que se besaron se pertenecen… Juntos otra vez se vuelven a abrazar ahora mirándose a los ojos y a los labios… se ronronean más que se dicen palabras… se rozan las puntas de las narices instintivamente, se huelen y reconocen… se besan de nuevo ahora más atrevidos, más retadores e incisivos, se aprietan con fuerza como para medirse sus resistencias y potencias… se mordisquean el cuello, la nuca, afilan sus blancas ferocidades en la piel de su pareja de juego, se tantean los muslos y su fortaleza… Bruno le dice al oído: “deberíamos hacernos el amor ahora, sin esperar más, tú ya sabes que cuanto más tiempo lo demoremos más nos costará retomar este pas à deux que ahora estamos bailando como respiramos”… Eleanor asiente y comienza a desnudarse…Bruno hace lo mismo a su espalda… A cada prenda que arrojan fuera se entretienen acariciándose un ratito, descubriéndose, dialogando mediante su tacto y sus temperaturas… Las últimas prendas hacia la desnudez se las quitan uno al otro con extrema delicadeza… Por fin desnudos, todavía en pie, abrazados, se acarician sus genitales en un ritual de absoluta confianza diciéndose sin palabras que se desean… Nada es extraño ni forzado, todo sucede con total naturalidad y placer; desde que se besaron con los ojos cerrados saben que son amadores experimentados, apasionados, que les fascina por igual dar placer como dejarse hacer, al fin al cabo dos caras de la misma moneda… Ambos disfrutan por igual leyendo como escribiendo, leyéndose… Ahora es el tiempo de las caligrafías…

—A esta altura del relato se ocultan y difuminan los detalles por pudor, por innecesarios a los ojos de los demás que leen estas palabras; hay que respetar la intimidad de estos amadores que se entregan por entero cada uno con su sabiduría pero aprendiéndose y reinventándose al mismo tiempo… Su generosidad con el amor y el placer se corresponde con su heroicidad al renunciarse después de esta primera noche y última… a lo peor es un precio demasiado alto por los recuerdos que fabricarán como orfebres con sus dedos y sus lenguas, pero hay que tener en cuenta que son recuerdos para siempre, los más hermosos quizás de sus vidas, que les pertenecerán sin miedo a que se confundan con otros ni se extravíen por descuido en el tumulto de sus vidas… Sólo quiero decir que se follaron tanto como se amaron aquellas horas y les dio igual no saber distinguir cuando conjugaban un verbo como el otro, al fin al cabo no estaban para tonterías lingüísticas sino para lo suyo, ese poseerse esclavizados al placer, con placer y por voluntad propia, oficiantes de la ceremonia más antigua del universo… Del resto de las horas felices de Bruno y Eleanor quedaron adheridas a las superficies de la habitación algunas palabras que se dijeron, algunos pensamientos que les vinieron a la mente mientras descansaban sus cuerpos o se sorprendían con sensaciones desconocidas… Da igual quién las dijo o pensó y cuándo, si antes o después de otras contiguas o por qué… No creo violar sus secretos trascribiéndolos fragmentados… sólo doy fe que se amaron:

—“me gusta que me abraces por la espalda mientras mordisqueas mi nuca, me siento tan desvalida así”…”amor, mis pezones son como tu clítoris, no te olvides de ellos, son la clave”…”me gusta su sexo, es hermoso, me gusta jugar con él”…”qué suave es tu piel, no puedo dejar de acariciarte”…”me da miedo herir tu piel blanca con mis dientes, y menos tu vientre”…”cierro los ojos y disfruto de su sabiduría”…”me fascinan sus estremecimientos unos tras otros, cuánto placer en su placer”…”penétrame por entero pero derrama tu semen fuera, en mi vientre, quiero que me dibujes”…”no, amor, no te inquietes, yo sé, sólo me derramaré cuando me lo pidas; yo sé, es lo único de lo que estoy seguro”…”qué delicia, su semen sabe dulce, como mandarina”…”sabes a vainilla”…”dame vino en tu boca”…”come de mis dientes”…”me encanta olerme en su cuerpo”…”abrázame, tengo frío”…”abrázame, quiero acoplarme a tus latidos”…”no, no quise tener hijos, no sabría que hacer con ellos, no sé siquiera qué hacer conmigo”…”yo tengo dos o tres… no sé, a veces sois tan extrañas las mujeres”…”tengo hambre, ¿nos comemos?”…”sí, te dejo, sí”…”¿abrimos la otra botella?, tengo sed”…”jajaja… así que pensaste alguna vez que era un viejo profesor?”…”no, las historias que escribo no son autobiográficas; pero sí, he tenido la mayor parte de las experiencias que relato… ya sabes: la literatura se teje con fragmentos, unas veces son ficciones, otras acontecen mientras escribimos”…”sólo los lectores se creen las historias que contamos los escritores, se proyectan en ellas”…”sí, he viajado mucho, tanto como he permanecido”…”pronto va a amanecer, quiero verte a la luz del día”…”jajaja… deja, tengo cosquillas en las rodillas, puedo morderte aun sin querer”…”¿qué dices?... ¿Qué estos cinco lunares son la estrella de Venus?, estás loco”…”abrázame, me duele la luz”…”abre una botella de agua más para mí, estamos secos”…”¿así que te gusta verme orinando?... jajaja…eres un monstruo”…”vamos hacerlo la última vez, hasta donde podamos”…”no llores, amor, aquí y ahora nos pertenecemos”…”no podré olvidar su olor”…”y si…—no, no debo pensar eso, es peligroso, no quiero volver a pasar por aquella situación”…”¿en qué, en quién estará pensando”…”me inquietan sus silencios, convocan los míos”…”vamos a bañarnos, a sacrificarnos, dejé hace un rato llenándose la bañera”…”nooo… está muy caliente… me vas a abrasar”…”jajaja… te vas a ahogar sumergida”…”abrázame, el agua empieza a estar fría”…”sécame”…”¿dónde dejé el tanga?... ¿no te lo habrás guardado tú?... con lo fetichista que eres”…”¿y ahora qué hacemos con las cuatro copas?”…”me gusta tu voz”…”me gusta tu risa”…”sí, ya sé… pero siempre duele”…”¿me regalas este anillo?"... "no, no sabría vivir sin esta piedra”…”¿bajamos?... falta poco para medio día”…”te quiero"…"te quiero”… “Por cierto, una única pregunta… ¿por qué pusiste como límite cincuenta y un años?”…”el número 52 es un límite, un número sagrado, no quiero atravesar este límite, sería otro, me perdería”…”y si por azar nos encontramos un día, ¿qué hacemos?"…"nos miramos tanto como podamos aguantar, pero no te acerques a mí, no me hables, sólo recuerda”…”te he amado, ¿lo sabes, no?”…”sí, lo sé; sé amar”… Entonces se besaron por última vez con un beso largo y profundo hasta que les faltó el aire y sus cabezas y pulmones no pudieron soportar el oxígeno carbonizado de sus ajenas respiraciones…

—Bruno y Eleanor se demoraron en el ascensor con sus últimas caricias y leves roces en los labios… pagaron su cuenta pendiente… salieron a la calle… se miraron por última vez a los ojos... ahora Bruno tenía su ojo izquierdo de un hermoso color verde azulado… Eleanor tenía una pequeña herida en su labio superior y por ella manaba Rouge Attraction de Lancôme a borbotones… Se dieron la espalda y siguieron su vida…


Pau Llanes

Mallorca, 1 de marzo, 2008


Foto: "Mi mano juega con el hielo que no es hielo"

45 comentarios:

Eloisemoi dijo...

hermoso relato.
Intenso.
me he saltado los entrecomillados jeje...
aun asi...admiro a los personajes.
Todo tiene su momento.
Y el texto es muy atractivo.
y aun así:
me contradigo en su realismo profundo...

Belén dijo...

Dios mío, Pau, me has dejado sin habla ni respiración...

Siempre he fantaseado con algo así pero... nono, algunas veces me ha salido tan mal..

Besicos

mi despertar dijo...

Bueno que más puedo decirte, bello intenso hasta el final¿Pero por qué un final??????????.Lacome Tresor, mi favotito solamente detrás de una oreja
besos y vino

mi despertar dijo...

Lancome... Miracle esos son mis favoritos

d2 dijo...

Fantástico relato, en un fantástico blog. No sé ni como he llegado aquí, pero me ha encantado. Gracias por el blog.

Gwynette dijo...

Hummm es una huída de las soledades?.
Hermosa fantasia, si señor, y muy cultos y refinados, ambos dos...:-)

Besitos de alcachofa

CUCALELLA dijo...

Sin palabras...así es como me he quedado... Cuánta pasión emerge de cada detalle. No sé como lo haces pero lo haces. Para mi eres un genio. Un gran beso, Pau Llanes.

anamorgana dijo...

Que intensidad de relato, me encanta. porque será que todo lo que leo hoy me recuerda lo que no he tenido ni tendré.Gracias por comentar en mi sitio. LO YA DICHO UNA DELICIA DE RELATO.Besos
anamorgana

Ornella dijo...

Ánimo sólo os quedan 12 días. Cuidado con la ciudad del cemento, no os atrape.

Azul dijo...

El amor es unico!!

una historia preciosa.

de las que ya no existen o si???

Besazules

Inocencia prohibida dijo...

¿Esta basado en una historia real? siendo así o no... es un relato muy pasional que no deja indiferente a cualquier ser humano... me ha gustado mucho.

Gracias por acordarte de mi y tenerme en cuenta...

Un beso muy grande ;-)

Inocencia Prohibida

Daniela dijo...

Bruno y no la has vuelto a ver?.
Te comento esto porque me parece que tiene mucho de realidad. Recuerdas que te dije, que muchos utilizan éste medio, para llenar esa parte afectiva de la que carecen... tú no me pareces así. Por eso voy a decirte es un buen relato.
Un abrazo

Ellie me dijo...

no pude parar de leerte Pau y sólo puedo decir que merece un coqueto 'mmm' :)

Hogare - dijo...

Después de la reunión de la otra noche, tenía que pasarme por aquí.

Ahora que estoy aquí y te je leído, me he quedado sin habla. Iba incluso a preguntarte si no es ficción, de las ganas que me entran de que sea cierto.

Absolutamente magnífico relato, como poco.
Besos JohnDee.

Anónimo dijo...
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Elena dijo...

Pau, estoy completamente enganchada a tus relatos, describes con un realismo brutal las situaciones, incluso la habitación el hotel es tal y como la cuentas....
Me ha encantado lo de poseer un recuerdo que sabes que nadie te lo puede quitar, porque está ahí en tu memoria, dónde nadie puede llegar a él, sólo quien vivió ese recuerdo contigo

Anónimo dijo...
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DianNa_ dijo...

Como me ha gustado leerte, que manera de relatar , me ha envuelto y llevado a esa habitación de la mano de tus letras.

Besitos brujos^^

Blasfuemia dijo...

¿Fantasía? ¿Ficción? Realidad para algunos, seguro. Un relato muy generoso (aunque agradecería algún punto y aparte)

Un saludo.

Denise dijo...

Pero es un poco triste que se acabe así! Ya sé que es parte del trato, del relato, de la vida... pero no sé, es demasiado para luego olvidarse de todo.

*LaDy SiSiaK* dijo...

un tanto extenso, se me nublaba la vista, buen relato, aunque chico, personalmente, por esos lares ando, pensando que tal vez, escribiendo algo de prosa con final feliz, conjure a los astros para que tornen a nuestro favor... pero vaya, es demasiado ingenuo.

besos!!!nos leemos

DianNa_ dijo...

Hey!! Brujo, pasa por Akelarre a ver la entrada que le hemos dedicado a tu blog y a ti.

Besos domingueros brujo mío.

Maligna^^

Pd: tremendo relato emmm, aún ando metida en la bañera japonesa esa... jajajaaj.
Me has puesto los dientes largos.
Mordiscos.^^

ev dijo...

Wau Pau!!! que desayuno me has dado hoy...
me sorprende lo detallista....
excelente relato.

Jarttita. dijo...

Si todo fuese tan fácil... Si todas las fechas pudiesen cambiarse en el calendario..:).

Ersi Samará dijo...

Mira que es largo el relato -largo para un blog- pero sólo me di cuenta después de terminarlo, cuando volví a repasar la página. Has salido airoso de dos juegos peligrosos: el del amor y el de la escritura. Pienso que cuando tenga mi ordenador nuevo (entrada en mi blog) me gustaría pintarles a los dos, con sus colores y sus olores, en el primer momento del encuentro. No te preguntaré si Bruno eres tú. Da igual. Eres tú, lo seas o no. Besos.

Luna Carmesi dijo...

...la literatura se teje con fragmentos...
Muy buenos tus retales...
;-)

kukilin dijo...

Muy buen relato. ¡Atrapante¡
Cuando comenzaron las peticiones de ambos lados, ya proveía el final; todo terminaría luego del encuentro.
Una cita demasiado estructurada, cuando el amor ó el sexo nace de la espontaneidad.
La pasión no se ajusta a las reglas, cruza vertiginosamente todas las barreras.
Abrazos.

mas de mi que de... lirio dijo...

Hola.
Pasaba para contarte que en mi espejo hay un regalo que quiero compartir contigo.
Besos desde mi alma.

Fuji dijo...

Puse anticipadamente mi verificación de comentarios porque no quería que el mío se viese interrumpido por un odioso rebote, y es que me siento tan acelerada para escribirte como los momentos que acabo de experimentar con tu relato. Fascinante, hermoso, poético, intenso. Me lo llevo colgando de mis sueños, un beso pues. Te leo.

Agatha Blue* dijo...

Lo imprimo y lo leo de camino al trabajo mañana.

Te comento mañana.

Abrazos,

Agatha Blue*

Peggy dijo...

Anonadada , sorprendida de tus letras sensuales y tu saber hacer literario ...ademas el 14 de marzo es mi cumpleaños ....
una piscis

belita dijo...

Intenso, hermoso, sensual, triste, duro... Incluso con final perfecto.

Besos

∂ZuL™ dijo...

Relato hermoso, intenso, profundo, que de verdad... no hay cosa mas bella que poder escribir de este modo, me encanto, lo disfrute mucho, quien sabe amar, ya lleva una delantera sobre los demas, ya puede morir en paz, porque ha sabido sentirlo... eso me lo dijo una amiga y tiene la razon... me encanto!

Sin duda me acorde de mi ex!

Abir dijo...

Enganchada desde la primera frase hasta la última y eso que últimamente no consigo centrarme en nada.
Por unos minutos me hiciste olvidar de todo y estar allí, en esa habitación.
No hace falta decir que me ha gustado mucho leerte.
Un beso,

Demolition Doll dijo...

"no llores, amor, aquí y ahora nos pertenecemos"

Me encanta el relato, pero me quedo con esta frase.

Demolition Doll dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
tequila dijo...

Doble pirueta, aplauso y ovación. Es muy bueno pero eso ya lo sabes.
Gracias

Lian dijo...

no sé en qué comentario leí (no los he leído todos, casi son más prolíficos que tú, y esto es decir mucho) que el final era triste. ¡Qué va! Muchas veces lo más permanente es lo efímero, es lo que más se recuerda, tal vez por que al tiempo no le dio tiempo a mancillarlo... en cualquier caso, a sido la punta del iceberg hacia tu blog, y ya estoy inmersa en las profundidades.
Un regalo.

lágrimas de mar dijo...

me ha encantado un amor de un día que durará eternamente

un beso

lágrimas de mar

Yo, la miss dijo...

Es usted un grandísimo autor se llame como se llame.

Saludos y mil gracias por pasar por ese blog tan reloco que me he montao.

pd.
lo de mi Advertencia es porque algunos lectores marcaron que el blog contiene "contenidos de dudosa reputación". Ahora soy para mayores de 18 años. Me parece bien pero el mundo está loco.

koolauleproso dijo...

Tremendo relato, Pau: Y como dice "la miss", más bien para mayores de 18 años: Algunos, a tu lado, quedamos como simples "juntaletras" con nuestros más bien fracasados intentos literarios.
Me quito el sombrero

M. dijo...

yO le habría dado dos puntos de sutura en el morro antes de la despedida.

Addictive Epicurean dijo...

Gracias.
Cuentos urbanos, que como los de hadas a veces se hacen realidad. No, no creo que la realidad o la ficción sean lo que definen un "cuento", es más cuestión de características.

Necesitaba leer uno nuevo. Es un viernes metálico y frío en la ciudad de cemento. La magia no recorre mis calles hasta la madrugada y a veces es ya demasiado tarde.

ev dijo...

Holaaaa!

He vuelto a leer este y me he reído mucho.
Ya sabes que yo leía distinto antes... a veces soy toda pureza...
Gracias por hacerme reír...

Besos de café espumosito

vesania dijo...

Pau hace un par de horas atras abrí este relato y no quise quedarme en él, ahora me he sentado y lo he buscado tenía que leerlo, y no me he equivocado,se transmiten en el olores sabores sin que los llegue a sentir, no pude evitar sentir, desear, cada palabra que dejaste aquí no la hice mía sé que no podría manejarme así sin embargo fue una experiencia envidiable real o no, yo me la quedo como real, besos Pau...
deberías llegar a salvarme