Mostrando entradas con la etiqueta Simbolismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Simbolismo. Mostrar todas las entradas

viernes, mayo 02, 2008

De los pájaros de Babel y sus melodiosos trinos... (divinas palabrrras)

Sé que te gustan mis textos sobre “alquimia del verbo”, que diría Rimbaud, las confidencias que comparto contigo acerca de la antigua “langue des oiseaux” de los alquimistas y maestros del Tarot. Hoy quiero mostrarte algunas extrañas analogías, sorprendentes correspondencias para ensayar nuevos modos de leer e interpretar el mundo, la vida, esas literaturas que guardan tesoros insospechados para tus ojos… Nuestro propio destino está cifrado, encriptado, en ciertas palabras y frases que un día encontramos no por casualidad o alguien desconocido nos regala sin saber muy bien por qué… Leer tus sueños quiero, no interpretarlos… Sólo con leer alcanzo a ver la realidad —le réel— que trasfiguran…

El gran alquimista del siglo XX, el misterioso anónimo Fulcanelli, en su segundo libro —Les Demeures Philosophales— nos revela el sentido de esta lengua de los pájaros: “Los viejos maestros, en la redacción de sus tratados, utilizaron sobre todo la cábala hermética, que todavía llamaban “lengua de los pájaros”, de los dioses, gaya ciencia o “gay scavoir”. De esta manera ellos podían ocultar al vulgo los principios de su ciencia, envolviéndolos con una cubierta cabalística. (...) Pero generalmente se ignora que el idioma del que los autores tomaron prestados sus términos es el griego arcaico, lengua madre de la pluralidad de discípulos de Hermes. Esta es la razón por la cual no se percibió intervención cabalística alguna, precisamente porque el francés proviene directamente del griego”… —parece que Fulcanelli no tiene grandes conocimientos sobre etimologías y lenguas comparadas, ¿o es que al afirmar que el francés proviene directamente del griego se está refiriendo a otras genealogías?… Más adelante nos señala que “la lengua de los pájaros es un idioma fonético basado únicamente en la asonancia. No se tiene en cuenta la ortografía, este rigor sirve de freno a los curiosos (...) Los raros autores que han hablado de la lengua de los pájaros le atribuyen el primer lugar en el origen de las lenguas. Su antigüedad se remontaría a Adán, que lo habría utilizado para imponer, según orden divino, los nombres convenientes y propios para definir las características de los seres y las cosas creadas (...) Los antiguos escritores la llamaban “langua general” (lengua universal) y “lengua cortesana” (lengua de corte), es decir lengua diplomática, porque encierra una doble significación que se corresponde con una doble ciencia, una aparente y la otra profunda. (...) Era la lengua secreta de los “cabaliers”, cabalistas o caballeros... Iniciados e intelectuales de la antigüedad la conocían todos”… Ya en su primer libro —Le Mystére des Catedrales— Fulcanelli se refería a esta lengua antigua. Según las reglas de la fonética y las homofonías de la lengua de los pájaros, el “arte gótico” de las catedrales sería un lenguaje particular —“argot”— para todos aquellos que estaban interesados en expresar sus pensamientos y conocimientos sin ser reconocidos o comprendidos por los demás “ingenuos”… Para Fulcanelli estos “argotiers”, que hablaban una cábala antigua, eran descendientes herméticos de los “argo-nautas” que buscaban el mítico Vellocino de Oro: “Todos los Iniciados se expresan en argot”.

Años antes de la aparición misteriosa de los libros de Fulcanelli, Henry Boudet, cura de Rennes-les-Bains, había editado un celebre libro —La vrais langue celtique (1886)— en donde afirmaba que el inglés era la lengua a utilizar para dar un doble sentido a las palabras francesas… Este método es el que hemos visto utilizar a Duchamp en algunos de sus más notables “ready made” lingüísticos —ver: Alquimias duchampianas y el lenguaje de los pájaros… y también Para quienes leen y traducen la lengua de los pájaros; o quieren aprender… a olvidar otras lenguas. Más aún: este “poliglotismo” esotérico es el que reconocemos en algunas de las más inquietantes páginas de los libros de Joyce, especialmente en su Ulysses y en Finnegans Wake, y cómo no, en las novelas y ensayos de Umberto Eco, sobre todo en el enciclopédico y hermético Péndulo de Foucault… Boudet se refiere también en su libro a los juegos de palabras muy populares en Inglaterra, lo que se denomina “to pun”. Boudet lo relaciona con la lengua púnica (o de los pueblos de Kabilias, bereberes, del norte de África), e interpreta que “Kabilia” tiene que ver con “Cábala” (la cábala de los alquimistas y herméticos al hacer juegos con las palabras), etc. Boudet cree que esta lengua púnica sería una derivación directa y perfecta de la lengua precedente de Babel, antes que la soberbia de los hombres fuera castigada con la multiplicación de sus lenguas y su confusión… Después de la confusión de las lenguas de Babel —según Boudet— “las palabras nuevas no tuvieron la misma simplicidad; se construyeron y expresaron sus significados por medio de asociaciones de términos primitivos, unas veces mediante proposiciones un tanto figuradas, o bien describiendo un hecho real o histórico”. Es decir, después de la confusión de las lenguas las palabras se cargaron de dobles sentidos o nuevos significados, se imantaron con nuevas correspondencias.

Boudet veía también una gran proximidad entre la lengua “Kabilia” (bereber) y la lengua vasca; intuición que sorprende todavía más hoy dado el resultado de recientes investigaciones que revelan múltiples conexiones lingüísticas y fonéticas entre el euskera y algunos dialectos bereberes… Y más aún cuando, siguiendo las tesis del Padre Barandiarán, podemos localizar e interpretar los orígenes del castellano en la frontera geográfica y lingüística del euskera en fechas indeterminadas de la primera época medieval, lo que supondría el reconocimiento de una hibridación entre dos lenguas radicalmente distantes entre sí: de una parte una semántica del latín vulgar, seguramente contaminada con palabras celtas residuales, pese a la romanización, procedentes de su módulo popular original, y de otra parte una fonética evidentemente distinta, euskera, o acaso bereber (aunque seguramente deformado y casi irreconocible como tal). Esto explicaría la distinta evolución del castellano y el italiano, dos lenguas aparentemente tan próximas y con un tronco común, y la diversa transformación de algunas de sus partículas lingüísticas esenciales, por ejemplo sus diptongos…

Aunque sólo sea una hipótesis, resulta fascinante comprobar la cantidad y “representatividad” de las palabras que en castellano están compuestas con el fonema “br” —en muchos aspectos relacionado con la trascripción fonética de la misma palabra “bereber”. Por citar sólo algunos ejemplos: hombre, hembra, nombre, sombra, umbral, brotar, breve, brillar, brasa, brincar, vibrar, brío, bravo, brusco, bruto, brida, brete, breña, brisa, brazo, bruces, bregma, bramar, bricomanía, bramante, brancada, bruñir, bronce, broquel, cobre, bromo, bruja, brújula, bruma, broma, brisca, breva, bronca, bribón, brigada, brear, brea, brocha, broche, brecha, brebaje, brocal, abrevar, branquia, bregar, braga, bruno, enebro, brezo, briza, brizna, broca, broza, nombre, ginebra, culebra, palabra, hebreo… y también Brahma, Ebro, Bretaña… y tantas otras que contienen el fonema “br” en sus sílabas —u otro fonema semejante, “pr”, así mismo también bilabial: prender, aprender, provecho, privado, próximo, presente, pronto, prisa, prueba, pre-... A muchas de estas palabras se les reconoce un origen antiguo, a veces celta, otras “ibero”, o procedente de “hablas pirenaicas”, y tantos otros tras la catástrofe de Babel, de su gran torre —¿qué pájaros anidaban en sus alturas que aún recuerdan su lengua original? ¿Tú que me lees, en tu filología caben mis palabras?

Estoy seguro que todos los conceptos, las acciones, los sentimientos y sensaciones, los elementos materiales básicos de cualquier cultura primaria, se pueden expresar con estas palabras que incluyen el fonema “br”, “pr” o similares (que a lo peor se fueron alterando con el ir y venir de las palabras)… Más aún: me atrevería decir que todo esto tiene que ver con la voz de Dios, cómo la escucharon o interpretaron verbalmente los hombres antiguos… La voz de Dios es la voz del trueno: su vibración es su palabra (el antiguo “brrr”)… NombrarLe es NegarLe… Mi nombre es BRUNO LLANES… —y el tuyo tan breve como el MAR que no cesa…


Dibujo: "Libro de Horas", 1991-92

miércoles, abril 30, 2008

Crónica esotérica de un suicidio anunciado... —un cuento para bloggers...

Llevaba unos días pensando muy seriamente cerrar su blog, es decir finalizar su aventura literaria y las de sus personajes. No estaba cansado ni le había huido la inspiración, por supuesto; Pablo escribe desde hace más de treinta años todos los días, poco mucho, bueno o malo o regular, pero escribe y lee todos los días de su vida… así que es muy difícil por no decir imposible que un día no sepa qué escribir o cómo hacerlo… Tenía otros motivos, había otras causas… En realidad había comenzado a valorar esta posibilidad luego de leer un e-mail remitido por una de sus más fervientes lectoras, conspicua escritora, que cada fin de semana le escribía largas y siempre incisivas reflexiones sobre sus textos, además de reñirle cariñosamente sobre su prodigalidad como escritor de blogs y alertarle sobre la fatiga o el tedio que tarde o temprano aquejan a algunos escritores en este medio. Aquella carta le conmocionó…

En su escrito, Gavina Encallada —que así se apodaba su brillante “pepita grillo” literaria— le atribuía poseer ya uno de esos blogs de culto que se trasmiten de boca a oído (es un decir) por foros de internautas y aparecen en las listas de algunos gurus de la ciberblogosfera. Pablo desconfía de los halagos, conoce su narcótica dulzura, los ha disfrutado tantas veces en su vida profesional... aun con todo los agradece en silencio, le estimulan a entregarse más si cabe. No obstante le “corren” un poco esas palabras que destilan tanta admiración como agradecimiento, le sucede lo mismo con los regalos inesperados, no sabe muy bien por qué —con lo que domina el lenguaje este hombre, se queda mudo en esas situaciones; qué curioso… Luego de esta primera declaración, Gavina Encallada le confiaba una experiencia reciente: “No hace mucho, vagabundeando por Internet, fui a parar a un blog que me llamó mucho la atención y, pese a no ser comparables, lo relacioné rápidamente con el tuyo. Su autor había colgado una última entrada en noviembre de 2007 y en ella se despedía de lectores y fans (curioso paralelismo con tu blog en cuanto a la pléyade de abducidas). Después de leer allí un considerable número de entradas vencí mi incomprensible reticencia a enviar comentarios y, con la sensación de que había estado visitando la tumba de un héroe anónimo, dejé unas flores sobre ella. Todavía hoy algunos visitan ese túmulo esperando el milagro de la resurrección”… Leyendo este último párrafo Pablo supo con absoluta certeza que él también “se suicidaría” joven y héroe, en la flor de su vida como blogger; intuía qué iba a suceder pronto, todavía no conocía cuándo…

Dado su tropismo por los temas simbólicos y su carácter ritualista, de inmediato empezó a pensar en ese cuándo indeterminado. Debía corresponderse con algún número mágico, sagrado, de eso estaba totalmente seguro… Pablo piensa que ciertos números, ciertas imágenes y palabras, son la cifra del mundo, su clave secreta; a encontrarlos, a reconocerlos, ha dedicado buena parte de su vida, su tiempo libre, sus conocimientos y memoria… —podría escribir un tratado sobre sus métodos y verificaciones; incluso una novela sobre las auténticas razones, los aspectos “mágicos”, de muchas de sus decisiones profesionales, el sentido oculto de la mayoría de sus proyectos… Luego de repasar su lista de números “idóneos” para el sacrificio de su blog, llegó a la conclusión de que éste tendría que ver con el número 13. Y no sólo porque en la cultura occidental (y sus actuales ramificaciones globalizadoras) el trece sea un número fatal de mala suerte, sino precisamente por su ambigüedad y trasfondo mágico-secreto que Pablo tan bien conoce.

El folclorismo numérico cristiano supone que la fatalidad del trece proviene de la misma Cena Santa con trece comensales, antesala del sacrificio y muerte de Jesús… Ha sido tal la histeria desatada con el trece en nuestra era que se evita en muchas series corrientes: por ejemplo en las filas de asientos de los aviones, en muchos hoteles o rascacielos no existe el piso 13, algunos personajes se refieren a él como 12+1, otros evitan casarse cualquier día trece (y si es martes peor). De echo existe una fobia al número trece —triscaidecafobia—, como existe otra al 666, o número de la bestia, desde luego mucho más difícil de escribir y sobre todo pronunciar correctamente de un tirón: hexakosioihexekontahexafobia… “Peces lleva, cuando el río suena”: en el mismo Código de Hammurabi se omite el número 13; la Muerte es el número XIII del Arcano Mayor del Tarot (la única lama que no viene “nombrada”) —aunque no se trate de una carta de por sí “mala”, ya que anuncia transformación y cambio, a nadie le gusta que la muerte le venga a visitar antes de tiempo, incluso a su tiempo, ¿no?... Bueno, en México la muerte es otra cosa —es tan dulce…

Sin embargos para otras culturas, otras gentes, el trece es un número “clave”, revelador, llave maestra para desvelar múltiples secretos ocultos, verdades “sagradas” que confirman el carácter transcendental —más allá de lo meramente físico y material— del universo y todo lo que en él se contiene. Parece ser que está relacionado con lo cósmico y astrológico: el mismo niño Jesús recibió a los Reyes Magos el día 13 tras su nacimiento, cuenta la leyenda cristiana; en realidad los signos del Zodiaco son 13, ya que Géminis es doble; trece “meses” de veinte días constituyen un año —260 días— en el Calendario Sagrado Maya, esa civilización mesoamericana que tanto nos fascina a Pablo como a mí, y a Bruno Llanes, por supuesto; también trece son los ciclos lunares de 28 días que constituyen un año solar en el calendario Dreamspell, acaso más preciso que el calendario Gregoriano… El número 13 es lunar, femenino, sin duda; así como el 12 es solar, masculino. No es extraño pues que los relojes —un invento tan masculino, machista como pocos— tengan esferas divididas en doce sectores, sus horas… Las mujeres son más sabias, ellas inventaron el tiempo, no los relojes… Sus ciclos diarios siempre tienen una hora de más (ningún hombre sabe qué hace una mujer con su hora de regalo; es su capricho, su secreto). Los hombres suelen ser puntuales, es decir llegan a su punto precisamente sin retardo; la mujeres siempre llegan a tiempo… a su tiempo, que no es lo mismo.

En la Cábala judía cada letra representa un número; si sumamos los números de la palabra UNO en hebreo nos da como resultado 13… Para los masones el trece es el número de las grandes transformaciones y grandes cambios, de algún modo el símbolo de la vida eterna. El dólar norteamericano es un buen ejemplo de este “decir” y “saber” ocultados; algo obvio dada la fundación del nuevo estado y sus símbolos por fracmasones e intelectuales ocultistas. En la parte posterior del billete de un dólar —la imagen más vista, a la vez que menos leída de la cultura visual estadounidense— podemos ver el águila blanca “agarrando” por un lado 13 flechas y por otro una rama de olivo con 13 hojas y 13 frutos; la coraza del águila es un escudo con 13 barras y sobre su cabeza reconocemos una aureola-constelación de 13 estrellas, por cierto componiendo una estrella de David, la formada por dos triángulos equiláteros invertidos atravesándose superpuestos; al otro lado del águila vemos la pirámide escalonada que lleva hacia el conocimiento gnóstico, simbolizado por el gran ojo que todo lo ve y mira a lo lejos —la pirámide tiene 13 escalones o peldaños… Y como slogan central: ONE —UNO— es decir trece… Qué curioso que para unos —quizás entre los más sabios— el trece signifique unión (simbolon), sea un número “clave” que une… y para otros —la mayoría indiferenciada— signifique lo contrario, implique desunión (diábolon), fatalidad negativa… En alemán, por ejemplo, del trece se dice “Dreizhen its des Teufels Dutzend” (trece es la docena del diablo)…

Una vez que Pablo decidió que el trece sería el número base, le fue fácil adivinar cual sería la cifra final incluida en esta serie: 13, 26, 39, 52, 65, 78, 91, 104, 117, 130, etc… Dado que hacía tiempo había publicado su entrada número 52 —cuyo críptico simbolismo evidentemente sus lectores no habían entendido— su mejor elección posible sería 104. Es decir, se convenció “suicidar” su blog coincidiendo con la entrada número 104, que además debería concordar con el día 104 desde la creación de su blog. Nada más tomar esta decisión Pablo abrió su archivo de Blogger para consultar su posición en este calendario cuenta-atrás… Faltaría a la verdad si no dijera que le inquietó más de lo esperado descubrir que faltaban pocos días y escasas entradas para alcanzar esa fatídica (aunque voluntaria) cifra que pondría fin a su existencia como personaje y autor de un “blog de culto”, quien sabe si también para siempre en la blogosfera. Esta certeza sumió en tal tristeza a Pablo que durante tres días con sus correspondientes noches no pudo articular palabra alguna ni escribir una sola letra; aquellos días fueron ni más ni menos un estar en coma, o peor aún: un ser enterrado en vida (paralizado por el miedo, mudo; consciente de su destino, aterrorizado)…

Antes comenté que la civilización Maya poseía un conocimiento matemático-astrológico realmente excepcional y disponía de varios calendarios que lo expresaban. Seguramente el más significativo es el Calendario Sagrado —Tzolkin o Cholquij— de 260 días (trece ciclos de veinte días cada uno). La observación astrológica y su sistematización teórica llevaron a los mayas a conocer el movimiento de los planetas, sus ciclos anuales alrededor del sol, por ejemplo Venus. Parece ser que la importancia del número trece vendría dada por la combinación del año venusino (de 584 días terrestres) con el terrestre (de 365 días). El máximo común divisor de ambas cifras es 73 —584/73=8; 365/73=5—, la suma de sus productos sería 13 (8+5)… La combinación del sistema vigesimal maya con este módulo 13 da como resultado 260 —lo que coincide casi plenamente con el ciclo de dos cosechas de maíz en las tierras mayas, y lo que es más sorprendente, con el ciclo de gestación de un ser humano… La combinación de años sagrados de 260 días y solares de 365 días da como resultado ciclos unitarios de 52 años llamados “haz” o “nudo” —xuihmolpilli—… El final de cada ciclo de 52 años era un tiempo de miedo y malos presagios, se pensaba que podía ser el final del cosmos, del mundo conocido. Así mismo, el total de días en cinco años venusinos igual al de ocho años terrestres nos proporciona interesantes sugestiones: si se entiende que el día de nacimiento de una persona es su “día signo” (tonalli), las características matemático-astrológicas de este día-signo concurren sólo exactamente cada 65 ciclos de Venus, cada 37.960 días, lo que es lo mismo 104 años solares… Lo más sorprendente es que los ciclos solares de 365 días, el “Sagrado” de 260 días y el de Venus de 584 días coinciden sólo tras haber transcurrido dos “siglos” mayas de 52 años, es decir exactamente cada 104 años…

Todas estas condiciones simbólicas y correspondencias numéricas decidieron por completo a Pablo a “suicidar” su blog bajo el signo del 104. Con aplomo consultó el calendario, contó los días desde que apareció Trébol de cuatro hojas —que así se llamaba su Cuaderno de Bitácora— y fijó el día exacto de su “magnicidio”. Luego en Wikipedia interpretó los oráculos del día “D” que le confirmaron lo propicio del día para desaparecer; más aún: ese día también era múltiplo de 13, precisamente el día medio de un año “sagrado” según el calendario Maya… —esta verificación, además de dejarle estupefacto y asombrado, le produjo un intenso escalofrío que recorrió todo su cuerpo con exasperante lentitud… Es un escalofrío de muerte, pensó, sin equivocarse…

No hay que dar más vueltas o buscar otros motivos o razones (sic) para este “suicidio anunciado” de Trébol de cuatro hojas —y si los hay, creo que debemos respetar el silencio e intimidad del suicida… Sí, Pablo podría haber tomado otra decisión menos radical: por ejemplo continuar su vida como personaje de blog hasta su segura muerte como ser humano —lo que de algún modo hubiera conferido status de natural a su muerte virtual… Tampoco era una actividad que le consumía mucho tiempo; disponía del suficiente y con casi total libertad para seguir una buena temporada más, si no al mismo ritmo de creación, sí al menos con exquisita constancia y notable calidad formal… Por supuesto no estaba frustrado en sus expectativas: su éxito y aceptación, el gran interés, incluso devoción, de muchos de sus lectores por sus textos superaba con creces lo que había soñado o esperado apenas tres meses antes… Quizás ese sentimiento de aceptación y reconocimiento de los demás le proporcionaba, paradójicamente, el suplemento de convicción que necesitaba para llevar a cabo su plan sin previsibles debilidad o arrepentimiento… Aun con todo algunos signos en los últimos días le confirmaron que era lo mejor que podía hacer…

No sé… pequeños detalles, alguna escaramuza dialéctica, cosas aparentemente nada graves pero que ahora le herían más que antes: la desaparición y cierre de algunos blogs que frecuentaba, el silencio de algunos de sus más “leales” lectores y lectoras o su falta de comentarios —en algunos casos parecía ser una “represalia” a su propio silencio y desatención ante algunos textos ajenos tan estupidamente provocadores como innecesarios —¿tendría que ver con los celos?; qué cosas tan raras a la vez que corrientes suceden en este mundo… Tampoco entendía muy bien cómo algunos blogs realmente mediocres eran tan frecuentados por gente inteligente, con evidentes criterios literarios, que depositaban en ellos enormes comentarios siempre elogiosos… Pablo no entendía cómo podían hacer esto a la vez que se excusaban de la incomparecencia a su propio blog por falta de tiempo… También estaba un poco cansado de hacer periódicas rondas de “visita” a sus blogs favoritos (u otros con cierto interés) para recordarles que “todavía existía”… A Pablo le gustaba leer tanto como escribir, recorría los blogs siempre con atención y la esperanza de encontrar textos e imágenes memorables, en estos meses tuvo suerte de encontrar auténticas maravillas que le conmovieron, proporcionándole grandes momentos de placer y anónima complicidad… Pero entendía que no era posible continuar así indefinidamente en ese ir y venir “protocolario”… A lo peor había confiado excesivamente en la lealtad de los lectores, incluso más que la de una amante… —pero si Pablo sólo quiere que le dejen al menos un “hola” de saludo… o un adjetivo singular: ¡Hermoso! por ejemplo… poco más...

Los días siguientes a su decisión Pablo se dio pena y le dieron pena sus lectores más entusiastas… Se prometió no dejarles huérfanos por un tiempo, escribirles a sus correos personales, enviarles algún original de vez en cuando, frecuentarles en sus blogs aun con un segundo pseudónimo. Algo así como permanecer cerca de ellos como un fantasma bueno o un ángel de la guarda literario… No lo tiene claro todavía a escasos días de su suicidio. Espera decidir al respecto poco a poco según vaya viendo sus comentarios… Qué duro es decir adiós, poner punto final, qué miedo, dios… Y aun con todo sabemos que un día moriremos sin importar nuestra opinión ni nuestros sentimientos… Que todo libro tiene sus últimas palabras; toda pintura su caligrafía definitiva… Quizás la diferencia es que un escritor de libros o un artista no necesitan morir al terminar su obra, inmolarse con ella… Un escritor de blogs sí, Pablo sí: necesita morir para renacer… es el Ave Fénix, la reencarnación de Nahahuátl… tu medicina, su veneno… su víctima, su verdugo…

—¿Si el día-signo en que nacemos condiciona nuestro destino, el día-signo de nuestra muerte condicionará nuestro recuerdo? Qué misterios tienen la vida como la muerte…


Dibujo: "Libro de Horas", 1991-92

martes, marzo 25, 2008

Para quienes leen y traducen la lengua de los pájaros; o quieren aprender... a olvidar otras lenguas.


Ayer ensayé un juego de prestidigitación verbal con las palabras “miedo” y “medio”; ya sabéis que me gusta “jugar”, por así decir, con las palabras y tensar sus significados… Los que me hayan seguido hace tiempo —lo que es una pura coquetería por mi parte, porque este Blog cumple hoy cincuenta y cinco días— saben cuánto me gusta escribir según la “lengua de los pájaros”… lo vengo haciendo casi desde mi primera entrada; os regalé por ejemplo un inmenso texto sobre Duchamp casi al principio… Los franceses, con Fulcanelli a la cabeza, han reivindicado la “langue des oiseaux” como procedente de las lenguas antiguas que dieron origen al francés actual, incluso a partir del valor jeroglífico de su alfabeto —¿Quién dijo que el francés, su lengua, sólo es un beso?... En la lengua de los pájaros se describirían pues los procedimientos secretos y las operaciones ocultas del Arte Mayor de la Alquimia y también del Tarot de Marsella. La “langue des oiseaux” es por lo tanto un método de criptografía empleado desde la antigüedad por los alquimistas. Por ejemplo Artephius, celebre alquimista medieval, señalaba: “¿No saben que nuestro arte es un arte cabalístico? Quiero decir que sólo se revela “de boca” y que está lleno de misterios. ¿No crees que sería demasiado simple que enseñáramos clara y abiertamente el más grande e importante de todos los secretos tomando únicamente nuestras palabras y letras?”… Sin embargo, a veces, el secreto no está en lo que está escrito… incluso hace mentir o fingir a “lo escrito” para ocultar las verdades secretas.

La práctica de la lengua de los pájaros consiste en separar el sonido de las palabras y las letras de cómo han sido escritas, transcribir nuevamente esos sonidos creando una nueva agrupación de letras que nos muestre entonces un nuevo mensaje, revelando otros sentidos. Este método secreto nos estimula a ir más allá de las apariencias fonéticas y la superficial lectura de las letras y las palabras reconocibles a primera vista; nos muestra que existe una creación silenciosa —dicha sin palabras—, conocida, pero muda… “Las palabras dichas vuelan, pero los escritos permanecen”… Se trata de una lengua hablada y escrita con juegos de palabras y dobles sentidos, transliteraciones —representación de los sonidos de una lengua con los signos alfabéticos de otra—, homofonías, construcción de acrósticos, caligramas, con sus propios métodos de encriptación y desciframiento, etc… constituyendo de hecho un inmenso sistema de transmisión del "Saber ocultado” —más correcto que decir “oculto”… El lenguaje de símbolos de la pintura y el arte visual sería en muchos aspectos también una lengua de los pájaros en imágenes, pero siempre algo más mental que puramente retiniano… —pero ésa es otra historia que os contaré otro día si seguís viniendo por aquí al atardecer, bajo la niebla.

Estos conocimientos se adquieren por iniciación entre aquellos que “ya han viajado por la memoria colectiva”, se trata de una iniciación “para destinados”, trasmitida biológicamente o por “el aire” —los iniciados son seres también migratorios, como las aves que les prestaron su lengua (los pájaros son mensajeros de los dioses, como Mercurio). Los iniciados en esta lengua sutil conocen los métodos de encriptar el “Saber” detrás de la simbología particular del lenguaje utilizado, y descifrarlo; su lengua es un “ultrasonido” y un “ultra escrito”… De algún modo estas ideas presuponen la preexistencia de una realidad invisible, “algo que está en el aire”, que nos permite “reconocer” las cosas, “encontrar” una idea, “descubrir” algo oculto, “presentir” algo que será en el futuro, “mirar a lo lejos” y ver con certeza… —un día de estos os hablaré de los “Archivos Akasha”, qué tienen que ver con todo esto; recordádmelo, por favor…

El Tarot es un vehículo esotérico, un juego hermético, que habla y emite sonidos para ser entendido, además de sus imágenes. Obedece a las reglas de la transmisión oral y comunica su saber por el sonido —qué pena tanto charlatán utilizando sus naipes; no dejan escuchar a veces ese puro canto de pájaros al amanecer de una tirada de Tarot… Su gran fuerza reside en utilizar el procedimiento de la “langue des oiseaux”. La práctica de esta lengua hermética nos permite conocer y entender el sentido, la esencia misma, de todas las palabras… palabras que trasmiten simbólicamente el “Saber” y los secretos que formaron parte de la concepción misma del juego. Los pájaros, las aves, sólo están presentes en cuatro de las ilustraciones del Tarot, pero su “lengua hermética” nos desvela todo tipo de registros aparentemente velados por la fuerza hipnótica de sus imágenes. Hay que saber leer el Tarot en sus palabras de doble intención, en sus sonidos, no tanto en sus imágenes…

En épocas antiguas, cuando los libros eran raros, voluminosos, costosos, el "Saber" viajaba y era transmitido por otros medios, principalmente a través de los métodos contenidos en el Arte de la Memoria. Se trata de métodos, de técnicas, basados en asociaciones de ideas, palabras, imágenes, sonidos, que “vibran” entre ellos según ciertas reglas que hay que respetar; constituyen también una cierta gimnasia del espíritu: por ejemplo se eligen imágenes no habituales para rememorar las cosas. Entre estos métodos, el Tarot fue uno de los más afortunados durante siglos y el más extensamente utilizado —desde luego era fácil de transportar y transmitir… El Tarot es sobre todo un Arte de la Memoria —el Arte de Tot (Hermes)— y a la vez algo que ver y leer codificado en 22 cartas —al igual que las letras del alfabeto hebreo. El poder y la eficacia del Tarot se fundamentan en que se puede transmitir y comprender aun en ausencia del soporte con la ayuda de la “langue des oiseaux”. La nemotecnia subyacente en el doble sentido de las palabras nos permite preservar y recordar lo esencial de sus mensajes… El Maestro del Tarot tiene el don y la habilidad de describir, de escribir y enseñar a escribir, los arcanos a su discípulo, dibujarlos de memoria. Desde los pequeños detalles puede reconstruir toda una memoria; la simple visión de las cosas revela (por evocación) cosas invisibles pero evidentes a sus ojos… La alquimia de las palabras operada por la lengua de los pájaros nos permite afirmar y trasmitir el "Saber", incluso sin saberlo —como decía Duchamp—, o sin saber qué hay que saber… Y es que siguiendo el sentido de las letras —“le sens des lettres”— llegaremos a la esencia del Ser —“l’essence de l’être"— y transmitir su más profundo conocimiento… —¿Me vas siguiendo, mi querida chela?

A las cartas del Tarot se les llama “lama” ("une lame"), o láminas, porque en origen sus dibujos eran grabados sobre lamas (tablillas) de madera y reproducidos por xilografía… —y llegados a este punto no puedo por menos que regalaros otras palabras que me vienen al encuentro: “l’àme” (el alma), “je l’aime” (yo la amo), “l’amant” (el/la amante), “lament” (lamento), “la menthe” (menta, hierbabuena), “lama” (maestro mago budista), “la mère” (la madre), la mar… —lámeme el alma ahora mismo, mi amor, mi amadora… El Tarot nos permite la lectura de “l’être” (el ser) más allá de la visión de “les lettres” (las letras), pero a su través, en lo escrito… la comprensión de sus designios (“desseins”) más allá de las imágenes “dessinés” (dibujadas)… la visión de las cosas ocultas, en sombra —“dans l’ombre”—, más allá de la lectura de su nombre… Hay otro mundo, otra realidad profunda, detrás de las apariencias, en la sombra. Quizás por eso a la “langue des oiseaux” se la conoce también como la lengua secreta de los filósofos, de quienes aman y siguen los caminos de la sabiduría, a veces (h)ermitaños… Viajeros, a ratos ermitaños, que se dejan encontrar y reconocer desde lejos, qué te voy a decir de cerca...


Fotos: "Tirada de Tarot"; Mallorca, 23 de marz0, 2008