domingo, abril 20, 2008

Déjame que hoy te escriba de cosas antiguas: del Arte y la belleza, por ejemplo... —Conversaciones sobre estética (I)

Arte es aquello que todos saben lo que es”, afirmaba axiomáticamente Benedetto Croce, aceptando la posibilidad de un conocimiento intuitivo anterior que nos permite reconocer el arte cuando se hace presente; conclusión semejante a la que llegan Wittgenstein y sus discípulos al renunciar a definir esta toma de conciencia —“Respecto a una respuesta que no pueda expresarse, tampoco cabe expresar la pregunta”…. Es probable que con tales afirmaciones axiomáticas se resolviera radicalmente el problema de conciencia en el arte y la necesidad de inventar argumentos que lo sostengan, pero impedirían también al lenguaje expresarse, arrinconando al arte, a la belleza, a la experiencia estética, a los confines oscuros de lo que no se puede hablar… Afortunadamente la historia de las ideas y el pensamiento estético evidencian que al ser humano le han interesado estos temas, acaso excesivamente, y que a través de sus interrogantes y respuestas ha redactado algunas de las páginas más brillantes de su lenguaje. Se ha escrito tanto sobre el arte, la belleza, la experiencia estética, como se han creado objetos considerados artísticos, buscado compulsivamente la belleza hasta donde no la hay y experimentado sensible e intelectualmente las presencias de ese mundo real, a la vez que subjetivo, que adjetivamos con esperanza como estético… El lenguaje debe estar a la altura de las circunstancias, es decir ser tan hermoso, inquietante o evocador como las cosas y sensaciones a las que se refiere, o por lo menos intentarlo.

Durante siglos, desde el pensamiento clásico, el arte se identificaba con la imitación: “mimesis”. Sócrates ya sostenía que pintar no era sino imitar a los seres de la naturaleza. Platón fue el primer gran filósofo que aborda el tema desde un punto de vista estético. El arte —“tekné”— era una destreza intelectual o manual que requería cierto conocimiento y habilidad a fin de producir (crear) algo. Pero al ser el mundo material una copia que imita la naturaleza y al tiempo participa del mundo inteligible de las ideas, todo arte sería una imitación de una imitación, es decir productos de bajo nivel ontológico que apenas aportan conocimiento alguno; la imitación operada por el arte tendría pues un valor disminuido (al ser copia de una copia es como la “sombra de una sombra”). El arte actuaría como un espejo que reproduce las imágenes efímeras y huidizas de lo real. Para Platón sólo era válida la imitación de las ideas: la belleza es, según Platón, una idea que se refleja en las cosas. La noción de belleza nos lleva más allá de la apariencia inmediata de la realidad en las cosas. Es sólo en esta experiencia de lo bello, en el “aparecer” como cosas bellas, donde se nos muestra la idea como idea más allá de su apariencia inmediata… El amor —“eros”— es el impulso hacia la belleza, hacia el mundo de las ideas, lo inteligible; las bellezas parciales de las cosas bellas son como escalones por los que ascendemos hacia el verdadero conocimiento y sabiduría…

Aristóteles sin embargo consideraba que la imitación era una inclinación innata del ser humano. Esta imitación no sería una copia servil del modelo original, sino que estaría condicionada por su pulsión de búsqueda de lo verosímil y lo universal, procurando una cierta idealización de la realidad imitada: “conviene que un pintor embellezca y supere a su modelo”… Plotino, continuador de las ideas de Platón, tuvo el acierto de incluir la belleza junto a la verdad y la bondad en la filosofía, ampliando los territorios de la estética hasta casi los propios de la moral y la metafísica. En Plotino el concepto de imitación no es algo negativo en sí, pues las cosas de la naturaleza son a su vez imágenes de algo superior —el mundo de las ideas—, por lo que el arte sería una imitación de lo perfecto, o de la “Idea” perfecta, de la cual emana lo sensible. Las reflexiones de Plotino, que impregnaron buena parte de la estética occidental desde su tiempo —siglo III— hasta el mundo moderno, podrían resumirse en los siguientes enunciados: hay que distinguir entre el “Bien” y la “belleza”, ya que la belleza provendría del Bien; también hay que distinguir entre la belleza inteligible y la belleza sensorial; la belleza formal de las cosas consiste en la participación en “una forma ideal”, no simplemente de la proporción y la simetría (como afirmaban los Pitagóricos, Platón y Aristóteles); el medio para alcanzar la belleza es el arte y sus métodos serían la “dialéctica” y la práctica de las virtudes. El artista —el músico, filósofo, poeta o “enamoradizo”— a través de la práctica de sus artes alcanza cierto grado de inteligibilidad que le hace capaz de llegar a la belleza y de ahí al “Uno-bien” (Dios). Al igual que Platón —“merece la pena la vida del hombre cuando contemple la Belleza en sí”—, Plotino coincide que nuestra meta es la de conocer y contemplar el “Bien Supremo”, y para lograrlo es preciso haber obtenido la revelación de la belleza (por medio de las artes, por ejemplo).

Derivadas de esta concepción de imitación “no servil” que transciende el modelo, podemos relacionar también las teorías que conciben al arte como expresión visible de lo invisible, y al artista como una especie de “médium” que convoca el espectro de lo divino, que intuye la interioridad más profunda de las cosas y tiene como misión revelar y hacer visible lo oculto u oscurecido en su propio abismo... No tan alejadas de esta teoría “trascendental” estarían los planteamientos más simbolistas de Hegel –“el arte es un medio gracias al cual el hombre exterioriza lo que es”– e incluso del formalismo de Zamoyiski –“el arte es todo aquello surgido a partir de una necesidad de dar forma a algo”.

Pero volvamos al concepto de “tekné”, sin duda más eficaz para acercarnos a aquellas primeras cuestiones sobre el conocimiento o la habilidad (artísticas) de crear algo (artístico). Podemos empezar por la definición de Tatarkiewicz para reordenar nuestras ideas: “Arte es una actividad humana consciente, capaz a) de producir belleza a través de formas (realistas o abstractas) que valen por sí mismas, b) de expresar el mundo interior del artista, y c) de generar deleite, emoción o choque”. Tatarkiewicz plantea pues el arte como “una actividad humana consciente”, concepción y origen de la obra de arte que discurre a contracorriente de las teorías dominantes de la estética tradicional que sostenían el carácter inconsciente de la creación artística o su origen en el genio creador del artista.

Kant creía que “el genio es favorecido por la naturaleza y hay que considerarlo un fenómeno raro”. Scheleirmacher, en la misma línea, consideraba que “los genios despiertan en el hombre los gérmenes dormidos de una humanidad mejor. Son sacerdotes de un orden superior que anuncia el sentido íntimo de todos los secretos espirituales”. Ambos autores depositan esta noción de “genio” en un cierto tipo de ley inconsciente similar a la que opera en la naturaleza y de la cual sería una nueva manifestación orgánica evolutiva —idea no muy lejana a la del “inconsciente colectivo” de Jung, que propone la existencia de una sabiduría acumulada por el ser humano durante milenios que se expresa a través de “arquetipos”, imágenes y símbolos más o menos semejantes que encontramos en diferentes culturas sin aparente conexión y que se manifiestan y reconocemos sobre todo en infinidad de obras de arte. Estas ideas sobre el origen de la creación artística en el ámbito del inconsciente las reconocemos también en Platón y Leibniz —teoría de las “mónadas”— y en Hegel, Schopenhauer y Schelling, entre otros, que coinciden en entender que la “energía creadora” brota de lo más profundo del ser humano, de su inconsciente, y se reconoce en la inspiración… Imaginación e inspiración serían dos facultades fundamentales, necesarias, para la mayoría de los pensadores que avalan el origen inconsciente de la creación artística, y la fantasía como motor de la creatividad. A ello se refiere también Freud cuando plantea que los instintos reprimidos buscan su satisfacción en la fantasía y retornan al mundo concreto estableciendo una nueva realidad; los productos artísticos formarían parte de ese “reino intermedio entre la realidad, incapaz de actualizar los deseos, y el mundo de la fantasía que los realiza”. Teoría psicoanalista a la que se sumaron los surrealistas y sus valedores, como Breton —con su propuesta del acto surrealista como “automatismo psíquico puro”—, Dalí —que consideraba la creación artística como “una actividad crítica paranoica”—, y en general todos aquellos que han concebido la creación artística como un método espontáneo de conocimiento irracional basado en asociaciones interpretativas de los fenómenos delirantes…

La consideración más moderna del Arte como una “actividad consciente”, según la definición de Tatarkiewicz, concilia algunos conceptos sobre la creación artística que se habían mantenido en discusión a lo largo de la historia de las ideas estéticas. Hasta el mundo medieval sobrevivió la idea del artista como imitador, su creatividad no sería más que una emanación, un reflejo, de la verdadera creatividad, la divina… El Renacimiento reconoció en el artista otras facultades, otros dones, como planteaba Baltasar Gracián: “El arte es, como si dijéramos, un segundo creador de la naturaleza; ha añadido otro mundo al anterior, le ha dado una perfección que el otro no posee en sí mismo; y al llegar a unirse con la naturaleza, cada día obra nuevos milagros”… El artista, más allá de ser un mero imitador, empieza a ser considerado principalmente un inventor, alguien que descubre, que modifica, que crea nuevas realidades a través de su imaginación. Aunque por mucho tiempo esta “nueva” cualidad del artista como auténtico creador estará sometida básicamente a los principios ideales de la búsqueda de la verdad y la belleza, y el artista seguirá mediatizado por su relativa falta de libertad hasta épocas recientes, es indudable que abrió un horizonte ilimitado de finalidades y proyectos “sobre sí mismo” en el arte hasta entonces inimaginable, cuyas consecuencias últimas las estamos asumiendo (disfrutando, sufriendo) definitivamente en la actualidad…

(continuará… por supuesto)

Foto: "Tribuna de las Cariátides" en el Erecteion, Acrópolis de Atenas; septiembre 2006

9 comentarios:

Belén dijo...

Tu crees que con el arte solo se hacen cosas bellas?

Yo creo que no, hay arte que no es bello, y no por eso no deja de ser arte, solo que a mi no me llega...

Creo que si llega al ser humano, entonces es cuando se puede hablar de arte, de capacidad, de, porque no, belleza...

Besicos

Camille Stein dijo...

Yo reinterpreto lo que veo/percibo. Parto de unos elementos dados, previos. La vasija o continente: allí agrego los ingredientes en el orden y la cantidad necesarios. Matizo la receta, si la hay. De fondo, una necesidad de crear de nuevo el mundo. Un impulso divino. Una chispa que se enciende. Un picor en el centro del vientre.

Es indudable que la cantidad de variaciones es infinita. Así como la cantidad de bellezas. Factores personales y del tiempo o fase en que se halle esa persona convertirán un objeto en bello. El arte oficial no tiene que ver con la belleza. La belleza es personal e intransferible, un ejercicio íntimo de goce.

Un abrazo.

Smith dijo...

Buen comienzo para definir lo que creo indefinible,esperare la continuación con mucha curiosidad ..
Buenas noches

tequila dijo...

y lo dejas asi? por supuesto que tienes que continuarlo espero el desenlace.

De tus hilos filosóficos, de los enlaces que me llevan a tu idea( que aún no has expresado) me siento identficada con Kant y odio a muerte por su claridad de ideas a Tatarkiewicz pues aunque son muchos los llamados ((b) en su definición) pocos los elegidos( a),c)+b))
en fin algunos nos alegramos de tener ojos para poder sentir el Arte.
besos Pau

Luna Carmesi dijo...

Inspiración e impresión. En este tema por apostar por estas palabras...
Un beso!

isol dijo...

Pau arte es expresarse no se si bello o no pues la belleza es subjetiva,un artista libera su mente,su espiritu,crea,vuelca en su obra todo su ser,las sensaciones y sentires del momento,el arte es dar forma a una idea,a un pensamiento lo abstracto se vuelve real,eso es maravilloso.El placer ,el odio,el hastío,la soledad ,el amor todo queda plasmado en una obra de arte,te agradezco este post,recorrer el modo en que otros definen al arte es un aprendizaje para mi,me gusta aprender y ampliar mi mundo,te lo agradezco.

PROSÓDICA dijo...

cuando me diras si sos filosofo o artista??? muero de la curiosidad jajaja.

Interesante lo que has escrito....como haces para guardar tant informacion??, tanto nombre??

CUCALELLA dijo...

Realmente siempre tratas temas que rondan por mi cabeza...no sé como lo haces. Espero tu continuación con ansia. Besitos, Pau. Gracias por acercarme a este mundo tan interesante para mí!!! :-) Siempre anhelo saber más y más y más...

akiresahotome dijo...

Pau, me hiciste recordar mis clases de historia del arte, y creo que no puse mucha atención en aquel entonces, jajaja. Definitivamente puedo decir que son un buen resumen de conceptos sobre algo tan abstracto y personal como lo es el arte.