martes, abril 22, 2008

Tercera y última conversación sobre estética... —te prometo que mañana escribiré dos cuentos eróticos... ¿Vendrás?

La estética del siglo XX privilegió la dimensión psicológica del arte y la belleza; más que especular sobre la naturaleza intrínseca de la obra de arte, los autores han preferido considerar la experiencia del observador ante tal realidad, su interpretación y visión subjetivas, su carácter vivencial —hasta cierto punto, heredados del Romanticismo. A esta concepción “vivencial” de arte se refiere Heidegger, considerándola una de las características principales de la sociedad moderna. No obstante también encontramos en Heidegger aportaciones más esencialistas, no tan “vivenciales”, con respecto al arte. Para Heidegger, existe el artista, existe la obra y desde luego existe el arte, un tercer elemento gracias al cual ambos se sostienen. Este planteamiento, aparentemente inocente, tiene como finalidad “romper la especularidad metafísica entre el objeto y el sujeto”. El arte no se agota en la subjetividad del artista y tampoco se halla íntegramente en su creación objetiva. El arte remite a un “modo del ser”. Por supuesto que las obras de arte son “cosas” como el resto de las cosas comunes, pero son cosas que no se agotan en su mero carácter de cosas. Heidegger comienza admitiendo que la obra de arte es una cosa que recibe algo añadido, un suplemento que la convierte en alegoría o en símbolo de otra cosa. “Las cosas están mucho más próximas de nosotros que cualquier sensación”. Nunca oímos “ruidos puros”, sino el rechinar de los goznes de una ventana, el motor de un coche, el maullido del gato. Hay que esforzarse por encontrar el punto en que la cosa “reposa en sí misma”. Las cosas, en su insignificancia, parecerían resistirse a ser pensadas. Y justamente en esta resistencia, en esa reserva quiere Heidegger que encontremos su esencia. “Ha sido la obra de arte —asegura Heidegger— la que nos ha hecho saber lo que es de verdad un zapato” (…) “En la obra no se trata de la reproducción del ente singular que se encuentra presente en cada momento, sino más bien de la reproducción de la esencia general de las cosas”.

Nietzsche fue uno de las principales referentes del pensamiento de Heiddeger, y el primero en hacer una contundente crítica al pensamiento romántico sin caer en los prejuicios positivistas de la época. Quizás la principal aportación de Nietzsche a la historia del pensamiento, y más aun a la del “ser y estar en el mundo”, fue la noción de nihilismo. El nihilismo, la pérdida de sentido de valores, tal como lo define Nietzsche, sería el impulso esencial de la historia, la condición necesaria del devenir histórico: “¿Qué significa nihilismo?: Que los valores supremos han perdido su valor. Falta la meta, falta la respuesta al por qué”. ¿Esta intuición sobre la falta de valores tiene algo que ver con el abandono del camino de la verdad, de la belleza, en el arte? El arte es, para Nietzsche, una “religión de la apariencia”. La apariencia no es lo contrario de la verdad, sino su expresión. Lo que aparece —la superficie— tiene una profundidad metafísica. El arte no quiere imponer sus constricciones, no quiere “conocer” ni quiere “dirigir”: sólo quiere que las cosas, todas y cada una de ellas, puedan ser… El arte deja de copiar el mundo —o de sintonizar con el transmundo— para convertirse en “modelo para la vida”. El arte, para Nietzsche, es la fuerza antinihilista por excelencia, es la “voluntad de fiesta” que estimula sin cesar a la vida. Frente a la religión, que gira en torno a la “devoción”, el arte incita a la “creación”… Se trata de un proceso creativo hasta cierto punto agónico, siempre girando sobre sí mismo. Interrogándose sin cesar… y siempre irónico (consciente de su propia imposibilidad para responderse por completo)…

Hay que considerar al nihilismo como un proceso histórico, el de desvalorización de los valores considerados hasta entonces —en cada momento— como supremos, los principios que sostienen lo que de ser tienen los entes, todo lo que sirve como modelo de lo que es, es decir lo verdadero, lo bello y lo bueno. Más que decadencia, este movimiento de desvalorización sería para Nietzsche la legitimación misma de la historia occidental, su lógica interna. No desaparece el mundo con la desvalorización de lo que constituían los valores supremos; aparecen valores nuevos. La negación de los antiguos valores es afirmación de nuevos valores, una “transvaloración” de anteriores valores… Este nihilismo trágico no busca que el mundo recupere su valor: no se trata, en la nueva instauración de valores, de reemplazar los antiguos por nuevos, sino de efectuar una inversión en el modo de valorar, un cambio de sensibilidad, una transformación o revolución estética…

Con Nietzsche el arte deja de ser divertido, virtuoso, ejemplar… El arte no tiene por qué embellecer al mundo, sino fundirse en él, devolverle de una vez el espíritu al cuerpo, tanto tiempo disociados… Frente a la frivolidad burguesa de un “arte por el arte”, reconocemos ahora un arte insubordinado que arroja a nuestra mirada imágenes humanas, demasiado humanas; en este estado de ser “en y con” el mundo, buscar la belleza, expresarla, no deja de ser un ejercicio de crueldad… Esta insumisión del arte al gusto burgués, al poder, explicaría el interés del “oficialismo bienpensante” —lo que hoy llamaríamos “lo políticamente correcto”— por desactivar la carga corrosiva y letal del arte comprometido reduciéndolo a un asunto “de extravagantes”, “diabluras” divertidas, pasatiempos de intelectuales y exquisitos… El arte era para el poder establecido algo absolutamente improductivo; en ello radicaba precisamente su poder de subversión. Algo muy distinto a lo que sucede en la actualidad, según mi opinión, en donde el sistema del arte se ha convertido en uno de los cómplices más dóciles de la sociedad postmoderna tardo capitalista, quien mejor la retrata, quien mejor representa el estado de simulación generalizada que la caracteriza… —también las simulaciones del poder institucionalizado.

Lyotard define el arte moderno como aquel que "consagra su ‘pequeña técnica’, como decía Diderot, a presentar qué hay de impresentable. Hacer ver que hay algo que se puede concebir y que no se puede ver ni hacer: Éste es el ámbito de la pintura moderna"… En muchos aspectos este “presentar lo impresentable” tiene que ver con la concepción de lo sublime en Kant —el sentimiento de lo sublime, decía Kant, tiene lugar cuando la imaginación fracasa y no consigue presentar un objeto que, aunque sea en principio, venga a establecerse de acuerdo con un concepto… Si el arte moderno es en alguna medida sublime, lo es porque en todo momento hace alusión a lo impresentable. Pero esta alusión la realiza de forma negativa, presentando formas visibles. La pintura abstracta no es sino un grado de expresión de estos principios, ya que en ella se presenta algo evitando la figuración y la representación. Algunas tendencias del arte contemporáneo son incomprensibles si no se reconoce esta vocación por lo sublime.

¿Y en este vagamundear del arte por la vida y la historia, admirado por el cuerpo o el espíritu, representando lo aparentemente real o divagando acerca de lo impresentable, dónde quedó la belleza? ¿Qué belleza o virtud o bien moral puede regalarnos el arte moderno? Thomas Mann, sutil pensador y autor de obras inolvidables —La Montaña mágica, por ejemplo— plantea sugestivas relaciones entre la belleza, la vida (como realidad) y el espíritu… Thomas Mann se interroga sobre el problema de la belleza: “El problema de la belleza consiste en que el espíritu concibe como ’belleza' a la vida, mientras que ésta concibe como 'belleza' al espíritu...” (...) “Pues la nostalgia va y viene entre el espíritu y la vida. También la vida reclama al espíritu. Dos mundos, cuya relación es erótica sin que la polaridad sexual sea clara, sin que uno represente al principio masculino y el otro al principio femenino; eso son la vida y el espíritu. Por eso no hay entre ellos una unión, sino la breve y embriagadora ilusión de la unión y el entendimiento, una eterna tensión sin solución”. El arte sería algo así como la atracción erótica de la vida hacia el espíritu, del espíritu hacia la vida, entre el espíritu y la vida… ''Y sin embargo es esto lo que hace al arte tan digno de ser amado y ejercitado; es esta maravillosa contradicción de que sea o pueda ser a la vez deleite y tribunal condenatorio, prez y loor de la vida mediante su placentera imitación y aniquilación crítico-moral de la vida, lo que hace que obre suscitando placer en la misma medida en que despierta la conciencia”… No obstante, aunque parezca destilarse cierta actitud positiva hacia el arte y sus virtudes “terapéuticas” sobre la libido existencial, Thomas Mann no espera mucho de su capacidad para remediar otras angustias y peligros: “El arte es el último en hacerse ilusiones con respecto a su influencia sobre el destino de los hombres. Desdeñoso de lo malo, no ha podido nunca detener el triunfo del mal. Preocupado por dar un sentido, no ha podido nunca evitar los más sangrantes sinsentidos. No constituye un poder, es sólo un consuelo”…

El arte ha muerto. Sus movimientos actuales no reflejan la menor vitalidad; ni siquiera muestran las agónicas convulsiones que preceden a la muerte; no son más que las mecánicas acciones reflejas de un cadáver sometido a una fuerza galvánica”… —quien así se expresa es Arthur Coleman Danto, uno de los más influyentes críticos y teorizadores sobre el arte contemporáneo en las últimas décadas y autor del polémico artículo El final del arte (1984) de gran trascendencia en el debate sobre el arte actual. Sobre la belleza, por ejemplo, Danto reconoce que en la actualidad “la belleza casi ha desaparecido del discurso artístico. Era algo que preocupaba a principios de siglo, pero ahora la gente se queda atónita si se le habla de este tema. Ha desaparecido. Sigue habiendo alguna conexión entre arte y belleza, pero no es tan profunda como antes” (...) “En mi opinión, si la gente vuelve al concepto de belleza hay que plantearse qué significado tiene ahora el concepto de belleza. Qué propósito cumple o para qué sirve esta belleza. El arte es una propuesta, no sólo objetos bellos. Si lo son es porque esto contribuye a su significado artístico”... ¿Cualquier objeto puede ser una obra de arte? “ —responde el crítico norteamericano— cualquiera puede serlo, pero eso no quiere decir que cualquiera lo sea. Hay unas restricciones, pero lo que no hay son limitaciones en relación a qué aspecto podría tener este objeto artístico. Por ejemplo, este cenicero que está encima de la mesa no es arte ahora en cuanto objeto, pero no sé si podría serlo en otro contexto. Diría que habría que plantearse qué significa y cómo está conectado con la obra del artista y su contenido” (…) “En nuestra narrativa, al principio sólo la mimesis era arte, después varias cosas fueron arte pero cada una trató de extinguir a sus competidoras, y finalmente, se volvió claro que no había constreñimientos filosóficos o estilísticos. La obra de arte no tiene que ser de un modo especial. Y éste es el presente y, como dije, el momento final de la narrativa maestra. Es el fin del relato”… La crónica de una muerte anunciada a la cual Danto dedica los últimos párrafos de su artículo El final del arte: “… puedes ser un artista abstracto por la mañana, un realista fotográfico por la tarde y un minimalista mínimo por la noche. O puedes recortar muñecas de papel, o hacer lo que te dé la real gana. Ha llegado la era del pluralismo, es decir, ya no importa lo que hagas. Cuando una dirección es tan buena como cualquier otra, el concepto de «dirección» deja de tener sentido. La decoración, la auto-expresión y el entretenimiento son, obviamente, necesidades humanas perdurables. El arte siempre tendrá un papel que desempeñar si los artistas así lo desean. Su libertad acaba en su propia realización, pero siempre dispondremos de un arte servil. Las instituciones del mundo del arte (galerías, coleccionistas, exposiciones, publicaciones periódicas), que han predicado y señalado lo nuevo a lo largo de la historia, se marchitarán poco a poco. Es difícil predecir lo feliz que nos hará esta felicidad, pero fíjense en cómo ha hecho furor la gastronomía en el tradicional modo de vida americano. En cualquier caso, ha sido un inmenso privilegio haber vivido en la historia”… —Confieso: es un inmenso privilegio sobrevivir todavía en los últimos estertores del arte y la belleza…

Fotos: de la serie "Mis paseos por el MoMA de New York"; enero 2005

24 comentarios:

sarah dijo...

El arte ha muerto. Sus movimientos actuales no reflejan la menor vitalidad; ni siquiera muestran las agónicas convulsiones que preceden a la muerte; no son más que las mecánicas acciones reflejas de un cadáver sometido a una fuerza galvánica”… —quien así se expresa es Arthur Coleman Danto.
el arte no morirá jamás mientras exista un solo ser humano que como en las cuevas de Altamira, se alzó sobre la punta de los pies para inmortalizar lo que sentía y diferenciarse de los animales a los que admiraba , que ría y retrataba, su fuerza, su libertad...lo que fuera que le llamó la atención.
Disculpaas al Señor C. Danto, pues.
Ciertamente, no todos los que vivían por aquella época podían dejar sus huellas en la cueva como el "picasso" de Altamira y hoy en día no abundan precisamente los "picasos", de ahí a decir que el arte ha muerto...
En fin, un abrazo. Buen texto.

lapaupachica dijo...

yo soy como las niñas chicas... a mí me das los cuentos eróticos primero y después leo... :P

Camille Stein dijo...

Puede que el arte haya muerto, pero persiste la belleza.

Me quedo con Thomas Mann y su embriagadora ilusión... Fue la única vez que me enamoré realmente de un personaje de ficción... Clawdia Chauchat, en 'La Montaña Mágica'. Hans Castorp dice de ella:

"…La fiebre de mi cuerpo y las palpitaciones de mi corazón enjaulado y el estremecimiento de mis nervios son lo contrario de un incidente, se trata nada menos que de mi amor por ti, ese amor que se apoderó de mí en el instante en que mis ojos te vieron, o más bien, que reconocí cuando te reconocí a ti, y es él evidentemente el que me ha conducido a este lugar...."

Ay, mi Clawdia... Belleza y viaje, a pesar de corrientes de pensamiento e idearios estéticos.

Un abrazo.

Frabisa dijo...

Ha habido muchos momentos en los que he disfrutado especialmente leyéndote, por eso tengo un regalito para ti en mi blog. Recógelo cuando quieras. Un beso

MaleNa dijo...

El arte no morirá si hay un hombre latiendo.

Hace treinta minutos que estoy metida en tus reflexiones, plagadas de citas dispares, cada una cierta, cada una falsa.

El arte es exponer el alma, dirán por ahí, y desde mí siento que es así.


“Un arte que se sirve del lenguaje como instrumento producirá siempre creaciones extremadamente críticas, pues la lengua es en sí misma una crítica de la vida: la nombra, la toca, la designa y la juzga, en la medida en que le otorga vida”

Thomas Mann-Lessing


. Hace tres semanas estuve en el MOMA me pasa algo extraño nada me provoca emoción, esa sensación que nos hace humedecer la cara y sentir que se nos arruga el corazón, ante los amarillos de Gauguin lloro. (cosas mías :)

À bientôt Pau.


MaLena

Samantha dijo...

Hola Pau¡¡¡¡ He estado viniendo sin mucho tiempo para dejar huellas de mis visitas.
Me encantan tus últimos textos, vendré prontito con más calma.

Saluditos¡¡¡ :)

Frabisa dijo...

Me gusta la frase de Niezstche, "el arte es la religión de la apariencia". El arte tiene algo de mística, nos transporta, en ocasiones nos hace soñar, nos estremece, nos nubla el pensamiento, nos llena de buenas vibraciones.

El Arte no morirá JAMÁS. Siempre me he disculpado por mi escasa sensibilidad para el arte contemporáneo. Ello no es obvice para que de tanto en tanto me encuentre frente a frente con alguna escultura o algún cuadro que consiga fascinarme.

No entiendo a los excluyentes, creo que se restan posibilidades de disfrute. Por supuesto que me puedo morir extasiada ante una escultura de Bernini, pero no perderé la brújula que me lleve a otros puertos y me descubra otros mares.

El arte está en los artistas pero también en las personas que contemplemos su obra.

Estupenda, documentada e interesante tu entrada, como en ti es habitual.

Un besito, Pau.

tequila dijo...

El arte incita a la creación? yo creo que es justamente lo contrario. Primero se agoniza, se retuerce con la idea que se crea y al tratar de expresar,de soltar lo creado, algunas veces(muy pocas)el resultado es Arte.
Se puede ser creativo y no artista pero nunca al revés.

Crees que el arte y la belleza están agonizando? Cierto que la sociedad en que vivimos tiene unos valores custionables, barriobajeros en muchos casos pero quizá se necesite la decadencia para el resurgir.

Á mi me falta una cuarta entrada: la tuya, tus opiniones, tu conclusión.
En fin me quedé sin saber...( ya pueden ser buenos los cuentos que prometes, jeje)

Un beso Pau

Jarttita. dijo...

Vendré:P.

Raquel Fernández dijo...

Creo que el arte no morirá nunca. El hecho artístico es, para mí, inherente a la condición humana. Tiene que ver con la pasión, la emoción, el éxtasis, y es patrimonio tanto del artista como de quien contempla su obra.

Cambio ahora de tema para agradecerte el comentario en mi blog y contarte lo gratamente sorpendida que quedé después de leer tu apreciación sobre Yoko. La admiro profundamente. Soy una fan de Lennon atípica.

Te dejo un gran abrazo!

akiresahotome dijo...

Hola, ya perdí el hilo de este blog, tengo mucho que leer por aquí, prometo hacerlo después de que termine el partido de futbol, jijiji. Sobre las imágenes de mi post, son parte de una exposición del fotógrafo Gregory Colbert que se montó en la explanada del Zócalo de la Ciudad de México, fue una experiencia increíble, en youtube hay videos de esta exposición.

Saludos, regreso en 45 min. ya termino medio tiempo.

ev dijo...

"Una pregunta para la que no hay respuesta; o, mejor dicho, sí las hay, pero todas parciales, ninguna definitiva. ¿Se han ustedes dado cuenta de que para las cosas más hermosas del mundo no hay definiciones posibles? El amor, la vida, el deseo, la fe…Quién se atreve a decirnos con exactitud qué cosa son?"

Jacques Sagot
Pianista

Por eso del arte siempre hay para decir
Beso

lapaupachica dijo...

pau, me porté bien... niña chica responsable leyó el artículo. la verdad es que ha sido especial leerlo después de haber retomado el yoga luego de casi 2 meses de abandono. una época no podía leer rollos teóricos o "intelectuales" sin que me generara angustia y cuando empecé a hacer yoga hace varios años sin que me generara rechazo... ahora, puedo hacer las dos cosas, integrar leer algo como esto -de hecho leo este tipo de cosas por mi trabajo, pero las miraba, y a veces aún lo hago (no enfurezcas)- con cierto desdén, con hacer yoga. de hecho sentí muy balsámico lo que dice ese crítico al final de que el arte ha muerto o algo así, la idea del peso que tenía. no sé si soy artista pero mi necesidad expresiva siempre va a estar, y un día escribo, otro pinto, otro fotografío, otro bordo... en fin, sentir que una voz te dice que eso no es tan malo es como buscar el padre protector que nunca tuve, pero da igual, sigo siendo niña chica, siempre, y encontrando "padres", "madres", "hermanos" en el camino. mi comentario es un zafarranco, pero ten por seguro que muy sentido, acabo de regresar de mi formación en trabajo somático y se han movido muchas cosas, ya te cuento... un beso,
pachica y patodos...

marina dijo...

Te he ido leyendo, hoy, ayer y el otro...
Su lectura ha sido, además de todo lo que he aprendido, un recorrido interno hacia como siento la belleza ahora, la sentía en el pasado o intuía que sentía en ciertos momentos. (también dentro de cada uno hay una "historia de la estética") Gracias.

Con eso del teclado, aprendí a hacer una "rosa" (que si arroba, que si guioncito..etc) pero hoy lo descarto a pesar de su peso.

Sí que te dejo una rosa, AHÍ está. Sólo decirte de ella una cosa: no es de esas que hoy circularán con plástico, ni estranguladas con cintas bicolor. Esta tiene esencia, despierta los cinco (como mínimo) sentidos por entero...

A reveure,

(un somriure d'orella a orella)

Ginebra dijo...

¿Cuentos eróticos? ¿dónde? ¿cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?????. ¡¡¡Me apunto!!!. Vengo cuando estén listos.... besos

NEBET-HET dijo...

Hay arte hasta en una forma de sonreir, de mirar..... el arte nunca morira mientras hayan ojos para reconocerlo. Un beso

Lola Bertrand dijo...

Tu blog es muy interesante , especialmente tus letras .
Gracias por visitar mis Bñogs.
Abrazos de mar.
Lola

lágrimas de mar dijo...

me gusta mucho tu estilo de escribir, pau

besos

lágrimas de mar

Luna Carmesi dijo...

Por cierto...
Remirando tus fotos del MoMA (oh benditas abreviaturas!!)...
Igual hay quien confunde la originalidad con la belleza... lo cual podria ser admisible como opinión... pero no como axioma...
Pajas mentales mias oye!!
;-)
Mas besos!!

La Dama Se Esconde dijo...

Hoy el arte son los libros. Venta masiva, descuento o la excusa perfecta para merodear por la librería favorita.
Premio Cervantes y su frase:
“Leer es viajar por uno mismo”
JUAN GELMAN

Samantha dijo...

Heyy¡¡¡ vine por los cuentitos eróticos y no están, ¿qué pachó?, Auch, caí en la trampa, jejeje, ni modo aquí estoy proyectándome.

Besos¡¡¡

:)

=)

Almatina dijo...

Mientras

hay
ai re

hay
a"I"r"t"e

suspiro
aliento
amor
descontento
espinas
que son las esquinas
de las rosas rojas
más bellas.
Con las que te estrellas.

Almatina dijo...

El cuerpo es una carcasa vieja
un material pudridero
un vehículo necesario
que junto al amor y la muerte forman un Uno.
La estética es el "Autodefinido" del cuerpo, no necesario, pero divertido, con el que entreternerte y pasar un buen rato.

Lo prohibio, lo insensato la locura, es el amor, alma fantasmal, vanidosa y deseosa.

la muerte es la realidad que pone a los dos en paz y dice "FIN" a la Historia.

Carolina Lazo dijo...

El americano que dice que el arte muere....quisas tenga razón. Pero como el ciclo de toda la existencia volvera a nacer,,con otros conceptos y fundamentos. La belleza y la estetica serán teorias del pasado,,,como lo son ahora las teorías del arte antiguo esos que ni siquiera estan claros. Aquellos de los pueblos ancestrales.
Te escribiré un email explayándome sobre este tema, me interesa demaciado.