lunes, febrero 04, 2008

Los puentes, esos lugares que nos miran...



Me fascinan, me inquietan intensamente, esos puentes cuyo arco y su reflejo parecen reproducir un ojo monstruoso, magnífico, de Polifemo gigante. Qué misterio el de los puentes, con sus ojos cortados, la atracción de su vértigo oscuro, sus secretos inconfesables… Los puentes son espacios transitorios alzados sobre el vacío, en realidad lugares iniciáticos en los que experimentamos una especie de eternidad simulada, un estar suspendidos entre el cielo y las más profundas grietas de la razón, en donde se revelan los más terribles presagios. En un puente tenemos miedo la mayoría de las veces; no por su altura, sino por sentir la tentación irrefrenable, hasta cierto punto excitante, de arrojarnos al vacío. Gracias a dios en los puentes cometemos frecuentes actos de cobardía. Si esta mañana el destino quisiera que nos encontráramos sobre un puente de mármol blanco, de granito gris, o sobre un balcón rojo cinabrio volador, mi cobardía será no arrojarme a tu cuerpo para siempre, Eleanor…

Fotos: puentes Tentsu-kyo y Eugetsu-kyo (de la luna llena) en el Parque Koishikawa Korakuen, Tokyo; junio 2004

3 comentarios:

La Dama Se Esconde dijo...

Realmente los puentes fascinan. Conozco algo de Japón y ese color rojo los hace todavía más especiales.

ev dijo...

Cómo solo un comentario en este post…
Tremendo imagen la de los puentes. Yo creo mucho en los sueños y una vez me soñé estando en un puente. Lado izquierdo el camino que se perdía en la hierba verde de la montaña de un camino en curva cuyo destino no se observaba. Idem a la derecha. Yo veía a ambos lados pero por supuesto me asome desde el puente hacia mi horizonte y y yo en conjunto con el puente estaba sobre un río a muchos metros de altura y yo veía el precipicio y el dibujo del río verde como salía de debajo de nosotros hasta desembocar en el mar que se abría justo en frente de mí tan turquesa e imponente como tu sabes… Entonces yo pensé que no quería ir ni a mi izquierda ni a mi derecha, sino hacia el mar… Debía volar. No era camino terrestre tenía que volar… Miraba el precipicio y me excitaba, diferente a tu sensación de puente no era suicidio era vivir. No era el camino obvio o fácil era el de ir al otro camino que llevaba al río y a mí… Este sueño creo que era un sustento para que yo no temiera. A mi me gustó mucho soñarlo y me sirve de motivación.
Son hermosos los puente y siempre comunican cosas, pero debajo están los caminos originales. Las estrías y las grietas de la tierra… la energía…

Besos de tarde en mi país

marina dijo...

Los puentes....
Verse entero con el vacío como compañero. Ese "otro" que nos desafía desde la otra mitad de iris en continuo cambio.

Es una paradoja lo que siento con los puentes...es curioso. Me siento más segura cuando no los hay, cuando debo confiar en la fuerza de mis piernas al dar un salto, cuando, sin dudar, hago equilibrios en piedras poco aferradas, cuando hundo mis rodillas hasta el lodo si es necesario... o dejarme vencer por el caudal (y ya puestos a escribir...convertirme en piragua...no...mejor en una especie de pez)

Estos días he cruzado ríos con o sin puentes, y no me había parado a reflexionar sobre la antítesis de estos sentimientos que me invaden en uno y otro caso.

Dicen los que hacen caída libre que la sensación es como de bucear...
Ai...ese ojo que lo envuelve todo...

Me quedo con esa sensación de "qué curioso" sin acabar de entenderme a mi misma. Aun así, no dejaré de cruzar puentes o ríos...depende de como se mire.

Un beso,