lunes, febrero 25, 2008

Sartre y Beauvoir... una pareja en la frontera...


Sigo leyendo el libro Sartre y Beauvoir. La historia de una pareja… Jean Paul escribe una carta a Simone: “…mi amor, usted no es “algo en mi vida”, ni siquiera lo más importante, porque mi vida ya no me pertenece, porque… usted siempre será yo”…
—¿Extrema pertenencia; extrema posesión? Yo creo que Sartre le quería decir que estaban fundidos en lo esencial… el resto eran simples contingencias… Lo que sucede es que la vida está sembrada de puras contingencias una tras otra… Sobrevivimos siguiendo y recolectando contingencias como si fueran las piedrecillas de Pulgarcito…

Simone de Beauvoir escribe: “La mujer enamorada intenta ver a través de sus ojos; lee los libros que él lee, prefiere la música y la pintura que él prefiere; le interesan solamente los paisajes que ve con él, las ideas que le llegan de él; adopta a sus amigos, a sus enemigos, sus opiniones; cuando se cuestiona a sí misma, es su respuesta la que quiere oír… La felicidad suprema de la mujer enamorada es ser reconocida por el hombre amado como parte de sí mismo; cuando él dice “nosotros”, ella se une e identifica en él, comparte su prestigio y reina con él sobre el resto del mundo, nunca se cansa de repetir, incluso hasta el exceso, ese delicioso “nosotros”… (fragmento de El segundo sexo)
—A mí me pasa exactamente lo mismo… ¿Será que con respecto al amor no somos tan distintos? ¿O acaso siento como una mujer cuando me enamoro? Qué misterios…

Jean Paul Sartre escribe: “Cada uno quiere que el otro nos ame, pero no tiene en cuenta el hecho de que amar es querer ser amado y que, de esa manera, queriendo que el otro le ame, sólo quiere que el otro quiera a su vez ser amado… De ahí proviene la perpetua insatisfacción del amante…” (fragmento de El ser y la nada)
—¿Qué diferencia hay entre la perpetua insatisfacción del amante y el permanente encantamiento del enamorado? ¿Cómo —por qué— se rompe esta feliz cadena? ¿Cómo presagiamos el desamor?...

Yo creo que el desamor se huele… no sé, un día cualquiera sentimos que su olor es extraño, que no lo soportamos… Y en ese preciso instante sabemos que sólo es una cuestión de tiempo…

Quiero que me quieras… te digo cuando te digo que te quiero… —Qué preciosa letra para un bolero… Si te la aprendes de memoria, me recordarás siempre…


Foto: Granada nuit; septiembre 2006

24 comentarios:

Abir dijo...

Me has descubierto una história que no conocía. Un amor como el que explicas de Sartre y Beauvoir es único.
Lamento no extenderme más, pero no estoy en mi mejor momento para creer en el amor de ese modo, tu me comprendes...

Eloisemoi dijo...

Hay corazones que necesitan amar sin nada a cambio. Son altruistas por decirlo asi...
En el amor no hay principios ni teorias es un poco el caos de la intuicion. Es muy interesante leer y extraer conclusiones pero...gracias a dios No hay Axiomas jeje.
Un beso muy GoethEloise.

Belén dijo...

Debo revisar mi pituitaria Pau... nunca he olido el desamor... y debería empezar a olerlo no crees?

Besicos

Jarttita. dijo...

Pues a mí siempre me ha pasado lo contrario: jamás aceptaba consejos de mis hombres. Lo cual es tan estúpido como aceptarlos siempre.

Con el tiempo, una aprende.:).


PD: Granada. Siempre que veo Granada de noche huelo ese aire frío y seco que la recorre. Incluso en verano.También es una forma de desamor, el pasado. El olor es la mejor magdalena .

Mari Carmen dijo...

No estoy muy de acuerdo con Simone, y se me ponen los pelos de punta con ese 'usted siempre será yo' de Sartre, que seguramente, tal como dices, tenía tintes más espirituales que terrenales. Quedar queda precioso, dicho así, pero si no nos vamos al tema espiritual para mí tiene tanto de anulación -por parte de ella- que me da escalofríos. No sé, quizá estoy equivocada, pero no me gusta que nadie sea yo. Yo quiero ser yo, siempre. Y tú, o el otro, que seas tú, o el otro. Se puede amar igual de bien siendo cada uno uno mismo.

Pero el lenguaje de los amantes, está por encima de las consideraciones de los demás, ¿no es cierto?

En cuanto a lo que dice Simone, en fin... me parece que hay cosas que han cambiado respecto a las mujeres de su época y las actuales. Igualmente sucede para con los hombres.
Cuando una mujer está enamorada puede intentar leer lo que el amado lee, sí, pero a lo mejor le resulta tan pesado u horrible que desiste, y no por eso deja de estar enamorada, no deja de admirar al otro. Igualmente no tiene por qué gustarle la música o la pintura que él ama. No necesita que él la mire para existir: ella ya existe por sí misma, aunque a veces, en nuestra torpeza, pensemos que no y creamos que sin el espejo de los otros no somos nada. Y respecto al 'nosotros'... no está mal, pero según para qué cosas.

Lo siento Pau, es que justo en ese fragmento de Simone no me identifico en absoluto -y no creo que sean demasiadas las mujeres que se identifiquen, ni hombres tampoco- y he estado y estoy enamorada, te lo aseguro :)

En relación al desamor... llega a hurtadillas, casi sin darte cuenta,se instala en nosotros y nos obliga a elegir.

Un abrazo,

Sylvie dijo...

Yo también lo huelo, Pau...siempre he sido muy intuitiva y hay cosas que a la legua, se ven venir...por suerte o desgracia...a veces por parte del amante, a veces por parte del amado...
Lo más gracioso de todo, es que nunca somos lo mismo dependiendo de con quien estemos...

Besitos.

Ps: me gustó mucho el fragmento del segundo sexo.

Yo, la miss dijo...

Hola Pau! me ha encantado tu entrada. Hace mucho Rosa Montero publicó un libro basado en grandes historias de amor en las que incluyó a esta pareja.

Sartre y Beauvoir tuvieron una relación maravillosa pero también algo enfermiza. Me recuerda a cierta frase que leí en "Así que usted comprenderá" de Claudio Magris que recomiendo encarecidamente: "lo mejor de que te ame un neurótico es que sabes que no se le va a pasar y que su amor sobrevivirá a los embates de la vida" o algo así.
Me llegó al alma, la verdad.

María Narro dijo...

en algunas cosas no estoy de acuerdo, puede haber ese mágico "nosotros" o que forme parte de ti y tú de él, sin necesidad de hacer, decir y opinar lo mismo que la persona que amas.

Hay cosas realmente exageradas, pero la literatura además de a conocer, invita a soñar.

Besos.

Isabel Romana dijo...

Una pareja con una relaci�n bien extra�a y, como dice yo la miss, un tanto patol�gica. En cuanto al desamor, creo que s� se huele. Un d�a una/o se despierta y se da cuenta de que a su lado duerme un extra�o. Saludos cordiales.

Pau Llanes dijo...

Gracias por vuestros comentarios, siempre tan sinceros, tan vivos… Aprendo con vosotros, aprendemos todos juntos y por separado, reflexionando en solitario o contaminados con las palabras ajenas…

Yo también creo que las palabras de Sartre y la Beauvoir tienen que ver mucho con el carácter extremo de su pensamiento y no digamos de su relación digamos literaria (con tintes casi heroicos a veces) que se construyeron, pero que también los demás creyeron ver en su extraña relación de pareja y seguramente participaron en crear… Leída su biografía, desvelada su correspondencia y las de los demás que les compartieron, su relación no deja de ser humana, demasiado humana… Es decir trufada de heroica lealtad y deslealtades no sé si tan contingentes y desde luego nada heroicas, de sinceridad a quemarropa y mentiras y traiciones por la espalda, de grandes ideales tan grandes como sus mezquindades, etc., etc, etc… Es decir la historia de un hombre y una mujer que tienen vidas propias difíciles y complejas, por lo cual no es de extrañar también la complejidad de sus relaciones de pareja: contradictorias, paradójicas, nada previsibles, incluso más proclives a la mentira y el engaño que a un compromiso insobornable con la verdad…

Estoy de acuerdo que algunas de sus afirmaciones llevadas hasta el extremo denotan una relación enfermiza, no sé si obsesiva, y desde luego maximalista… Creo que en sus textos literario-filosóficos se ven obligados a expresarse de ese modo rotundo… Luego la vida es otra cosa, sólo hay que leerles en sus cartas y seguir sus hazañas depredadoras (solos o en compañía)… Pero me interesa reflexionar acerca de algo que está implícito en esas palabras y que hace unos días sigo también dándole vueltas a la cabeza después de las lecturas inducidas por el amigo Horrach y su maestro René Girard… acerca del mimetismo, decía…

Las frases de Simone sobre la mujer enamorada son hermosísimas (cualquier arrobamiento de ese tipo merece la pena experimentarlo)… ¿no lo hacemos acaso de vez en cuando con nuestros partidos políticos, con los líderes que nos representan y nos sentimos identificados, con nuestro club de fútbol, o la iglesia o secta del tipo que sea en la que queremos militar? Algunas veces sólo se queda en simpatía, otras en admiración, en creencia, afortunadamente en menos casos en fe ciega o en fanatismo… Aunque el caso extremo que definen las palabras de la Beauvoir parece que se plantea una anulación de personalidad, yo quiero leer algo más humano y real como la vida misma…

Cuando nos enamoramos, o admiramos a alguien, o nos atrae o nos importa algo… vamos sumando los intereses de quien nos atrae a nuestros propios intereses, es decir aprendemos y crecemos con él… pero eso no significa en absoluto cambiar nuestro yo por su yo (en eso se pasa Sartre)… sino adquirir nuevas posibilidades, nuevas perspectivas, nuevos conocimientos y experiencias que compartir… ¿O es que eso no nos pasa en nuestra vida real? Pues claro que sí… Pero si esto pasa en este mundo en donde nos conocemos y compartimos sólo con nuestras palabras, ¿de qué nos extrañamos?… Yo mismo voy incorporando nuevos objetos a mi curiosidad, a mi perfil, incorporo libros o música o pensamientos o hechos que ya no recordaba o he conocido de nuevo leyendo vuestros perfiles, vuestras palabras y comentarios… ¿O no lo habéis hecho conmigo?... Claro que sí… Uno va a cada relación del tipo que sea con su equipaje pero luego va incorporando más cosas y recuerdos en su viaje compartido… eso significa que llevamos juntos una maleta (del tamaño y peso de nuestras cosas que compartimos) y también cada uno una mochila con sus cosas particulares… No sé, cada uno viaja con quien quiere y como quiere…

El resumen de esa alegoría que planteo es puramente matemático y es el siguiente: cuando estamos enamorados, cuando nos atrae algo, alguien, vamos sumando y no pesa tanto el exceso porque de algún modo lo compartimos y además se va más alegre con alguien a tu lado y nos ilusiona el mero hecho de viajar juntos… Cuando comienza el desamor, empezamos a restar: cualquier cosita de más nos parece un exceso insufrible, nos provoca malestar, sólo queremos desembarazarnos de casi todo común, incluso de la mayor parte de nuestra mochilita… Pero como todo se transforma, todo es una pura teoría de vasos comunicantes, vamos rellenando nuestros vacíos con otras cosas, otros compromisos… Al fin al cabo el universo tiende al equilibrio —precario, tenso, pero con apariencia de “suficiente” equilibrio… Hacemos y deshacemos la maleta más de lo que quisiéramos…

No sé… a mí me gusta viajar solo a veces, otras acompañado… pero desde luego ojalá tuviera el regalo de la diosa grande de los tuaregs existenciales de continuar el resto de mi viaje con una mujer especial al lado con la que compartir todo eso nuevo por descubrir hasta el final de nuestros días en común… Ella con su mochilita, yo con la mía al principio, una maletita pequeña en común… y que poco a poco esa maletita se haga grande de tantos recuerdos que vayamos acumulando juntos, o innecesaria porque nos gusta ir ligeros de equipaje, mejor… hasta que un día incluso nuestras mochilitas propias casi no pesen… (no digo que sean intercambiables)… Me encanta decir “nosotros”… mejor que “mi compañera Mari Puri y yo mismo”… También decir “nosotros” es más liviano que cargar con nuestros nombres y apellidos y todos los linajes de ambos… Sabemos que lo somos, pero nos ahorramos exhibir todo eso de sobra…

¿Os cuento un secreto de viajero? Cuando estás seguro que tu compañero de viaje no te va a abandonar por el camino viajas con el menor de los equipajes, vas comprando lo que necesitamos por hay tal como viene, todo lo vamos usando en común y luego lo dejas en el basurero o regalas lo que te sobra… Cuando llevamos mucho equipaje propio es que tenemos miedo de quedarnos tirados y parece que trasladamos la casa por si acaso hay que pasar algún tiempo solos a la intemperie y en el desierto… ¿No sé si me he explicado?... jajajaja… Se me da mejor escribir textos herméticos que comentarios…. Aunque lo mejor que sé hacer es hablar, dar conferencias ilustradas… es que tengo voz de durazno… jajajajaja… Beso a todas y todos…

Ah… se me olvidaba… mañana este blog cumple su primer mes de vida… Ya veremos qué invento esta noche para celebrarlo… saludos…Pau

lágrimas de mar dijo...

me gusta tu blog, la foto de la cabecera es espectacular

besos

lágrimas de mar

MARICHUY dijo...

Hola Pau

Sin haber leído el libro que comentas, yo también creo que ese era el quid de la relación entre Sartre y Simone, que estaban fundidos en lo esencial; algo que no siempre resulta fácil.

“Yo creo que el desamor se huele… no sé, un día cualquiera sentimos que su olor es extraño, que no lo soportamos… Y en ese preciso instante sabemos que sólo es una cuestión de tiempo...”

Yo también lo creo así. El desamor se huele, se siente, se presiente, incluso.

Saludos muy cursis, porque hoy me pusieron bien cursi -y a mi que casi no me gusta, jeje.

Marichuy

mas de mi que de... lirio dijo...

Lo confieso jajaja soy muy perezosa así que solo leeré tus escritos los días de buen humor. ¿Por qué? Pues por que es en esos días que mi concentración anda mejor y intuyo que tus escritos las necesita.
Vengo a darte la bienvenida a mi espejo, agradecer tus palabras y leerte un poquito.
Besos desde mi alma.

Samantha dijo...

Hola¡¡¡

Pues a yo siento especial simpatía por esa parejita de eternos enamorados, sin embargo creo que son un mito que les costó muy caro mantener.

Me gustó mucho lo que comentas acerca de un buen compañero de viaje y creo que tienes razón.

Ando de prisa, vengo mañana con más calma.

Saludos¡¡¡¡¡

:)

Stirga dijo...

Me encanta tu teoría de las sumas y las restas, pero aún más la de que se huele el desamor... ¡Y el amor!. A mí, al menos, me pasa. Un día un olor me hace girar la cabeza hacia un desconocido o un conocido al que descubro de otra forma. Y reconozco ese olor entre mil, más cuánto más me voy encandilando. Pero si un día cambia ese olor, ¡ay! cambia el amor.

Isabel Romana dijo...

¡Se me borró el comentario! Quería, en primer lugar, felicitarte por tu primer cumplemes del blog. ¡Espero que celebres alguna clase de fiesta! Respecto a tu explicación, está muy bien y creo que hubiera merecido ser un post complementario a éste. En cuanto a ese deseo expresado de "ser el otro" o "ser en el otro", me parece muy poco positivo. Es demasiado extremo, parece que se trate de apoderarse del otro o dejar de ser a favor del otro. El verdadero reto, en mi opinión, es ser uno mismo y serlo cada vez con más hondura y honestidad gracias a la ayuda del otro. Me da la impresión que en los momentos de exaltación apasionada del amor se puede caer en ese espejismo de fundirse con o en el otro, y es seguramente lo que debió pasar a esta (¡y a tantas!) parejas. Besitos.

Martha dijo...

No sé, mi teoría es que el desamor surge porque nos consumimos unos a otros. Nos han inculcado que la forma más hermosa y perfecta de amar es esta en la que uno se convierte en el yo del otro, la famosa fusión. Pero eso termina inevitablemente convirtiéndose en un cono por el que se nos escapa la energía, hasta que todo el amor que había se queda en nada... No sé, me he puesto metafísica.

Felicidades por tu mes de blog.

Martha

Inocencia prohibida dijo...

Hola Pau

Muchas gracias por tus comentarios ;-)

No estoy de acuerdo con Simone de que la mujer enamorada quiera ver a través de los ojos de su pareja. Creo que muchas mujeres u hombre lo hacen pero ese "nosotros" no tiene que ser a través de los ojos de un hombre o de una mujer según el caso.

Creo que el verdadero amor esta en un nosotros no con la misma mirada, sino que esa mirada vaya en una misma dirección.

En Cambio si estoy de acuerdo con la teoría de Jean Paul. Lo mismo pasa con la solidaridad, damos a los más necesitados compañía por ejemplo pero quien necesita la verdadera compañía es la persona que la da.

Tu teoría del desamor... también es muy acertada... se huele incluso desde lejos y el tiempo es el único que nos acompaña.

Un beso grande

Inocencia prohibida

MaleNa . la porteña dijo...

A veces, solo a veces me quedo colgada en una frase, una palabra.
Y dejo que me ronde hasta agotarla.

En tu post es "nosotros"
Unas letras inmersas en la simpleza, plenitud, espacio.

Maravilloso.


Buena semana.


MaLe.

Azul dijo...

La verdad, es que cuando estamos enamoradas y me incluyo, perdemos nuestra personalidad, como si una fuerza sobrenatural, no nos dejara pensar con claridad, pero es un estado de inconsciencia Maravilloso

Un Besazul

Elena dijo...

Hay algo más grande que el amor??? el entregarlo todo sin esperar nada a cambio?? el darse por completo a la persona amada??
Un beso y gracias por regalarme la sonrisa del día con tus palabras

Effie dijo...

No me parece que la relación entre Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir sea un ejemplo de amor romántico y maravilloso, de ese al que todos nos gustaría rociarnos de cuando en cuando con unas gotas.

Entre Sartre y Beauvoir existía una depencia enfermiza total.
Durante cincuenta años él se preocupó en todo momento de procurar el ambiente necesario para que Simone se sintiese pequeña y vulnerable ante él y solo se pudo liberar de ese yugo cuando entendió que le superaba intelectualmente.
Personalmente creo que el sexo entre ellos era un puro trámite (dadas las preferencias de ambos), pero si era fuente de diversión el intercambio de amantes.

Como forma de amor, tal vez no tan al uso como el amor que Usted comenta en su post, yo citaría las cartas que dirigió Francoise Sagan a Sartre, y quisiera dejarle como muestra de lo que le digo la primera misiva que le dirigió esta al afamado escritor:


"Le digo "querido señor" pensando en la interpretación infantil de esta palabra en el diccionario: "cualquier hombre". No voy a decirle "querido Jean-Paul Sartre", es demasiado periodístico, ni "querido Maestro" que es lo que usted detesta, ni "querido colega", que es abrumador. Hace muchos años que quería escribirle esta carta, casi treinta años en realidad, desde que comencé a leer su obra, y sobre todo desde hace diez o doce años, cuando a fuerza de ridiculizarla, la admiración se ha vuelto lo bastante rara como para que uno casi se felicite del ridículo. Quizá yo misma haya envejecido lo bastante o rejuvenecido lo bastante como para burlarme hoy de ese ridículo del cual usted, siempre magnífico, jamás se preocupó.

Lo que me interesa es que reciba esta carta el 21 de junio, día fausto para Francia que vio nacer, con algunos lustros de intervalo a usted, a mí y más recientemente a Platini, tres excelentes personas llevadas en andas o pateadas salvajemente - en su caso y en el mío gracias a Dios sólo en sentido figurado - por excesos de honores o indignidades que ellas no se explican. Pero los veranos son cortos, agitados y se marchitan. He terminado por renunciar a esta oda de aniversario y sin embargo tenía que decirle lo que voy a decirle y que justifica este título sentimental.

En 1950 empecé a leer de todo y, a partir de entonces sólo Dios o la literatura saben cómo he amado o admirado a una cantidad de escritores, especialmente los contemporáneos, de Francia y otros países. Más tarde conocí a algunos, seguí también la carrera de otros y aunque aún quedan muchos a quienes admiro como escritores, usted es el único que continúo admirando como hombre. Todo lo que prometió cuando tenía quince años, edad inteligente y severa, edad sin ambiciones precisas y por lo tanto sin concesiones, todas esas promesas usted las mantuvo. Escribió los libros más inteligentes y más honestos de su generación, hasta llegó a escribir el libro más rebosante de talento de la literatura francesa: Las palabras. Al mismo tiempo siempre se ha lanzado de cabeza en ayuda de los débiles y humillados, ha creído en la gente, en las causas, en generalidades, se ha equivocado a veces, eso, como todo el mundo, pero (y en esto contrariamente a todo el mundo) siempre lo ha reconocido. Ha rechazado obstinadamente todos los laureles morales y todas las retribuciones materiales de su gloria; ha rechazado el pretendidamente honorable premio Nobel cuando sin embargo carecía de lo necesario, tres veces le pusieron bombas en ocasión de la guerra de Argelia, arrojándolo a la calle sin pestañear siquiera; ha impuesto a los directores de teatro mujeres que le gustaban para papeles que necesariamente no se adecuaban a ellas, demostrando así pomposamente que, para usted, el amor al contrario podía ser "el brillante duelo de la gloria". En resumen, usted ha amado, escrito, compartido, dado todo lo que tenía para dar y que era lo importante, al mismo tiempo que ha rechazado todo lo que se le ofrecía y que era la importancia. Ha sido hombre al mismo tiempo que escritor, nunca pretendió que el talento del segundo justificaba las debilidades del primero, ni que la felicidad de crear autorizaba por sí sola a despreciar o a ignorar a sus allegados, ni a los demás , todos los demás. Ni siquiera sostuvo que equivocarse con talento y buena fe legitimaba el error. En realidad no se ha refugiado tras esa famosa fragilidad del escritor, esa arma de doble filo que es su talento, jamás actuó de Narciso, que sin embargo es uno de los tres papeles reservados a los escritores de nuestra época junto con el de petimetre y gran criado. Por el contrario, esa arma supuestamente de doble filo, lejos de atravesarlo con delicias y clamor como a muchos, usted quiso que en su mano fuera liviana, eficaz, ágil; usted la utilizó y la puso a disposición de las víctimas , de las verdaderas, las que no saben escribir, ni explicarse, ni luchar, ni siquiera quejarse.

Y sin clamar después por justicia porque no quería juzgar, sin hablar de honor porque no quería recibir honores, sin invocar tampoco la generosidad porque ignoraba que usted era la generosidad misma, ha sido el único hombre justo, honrado y generoso de nuestra época, trabajando sin descanso, dando todo a los demás, viviendo sin lujos, pero también sin austeridad, sin tabúes y sin farras, salvo la de la escritura, haciendo el amor y dándolo, seduciendo, pero abiertamente dispuesto a ser seducido, dejando atrás a sus amigos, excediéndolos en velocidad e inteligencia y brillo, pero volviéndose sin cesar hacia ellos para ocultárselo. A menudo prefirió ser utilizado, ser engañado, a ser indiferente; y también a menudo fue decepcionado sin esperanzas. ¡Qué vida ejemplar para un hombre que nunca quiso ser un ejemplo!

Y ahora está privado de la vista, sin poder leer según dicen, y debe sentirse seguramente lo más desdichado que imaginar pueda. Quizás entonces le alegre saber que en todos lados donde estuve durante estos veinte años, en el Japón, en Estados Unidos, en Noruega, en la provincia o en París, he visto a hombres y mujeres de todas las edades hablar de usted con esa admiración, esa confianza y hasta con esa misma gratitud que la que confieso aquí.

Este siglo se ha revelado loco, inhumano y podrido. Usted ha sido inteligente, tierno e incorruptible y sigue siéndolo."



También desearía citar las cartas cruzadas entre Charles Bukowski y William Corrington, que no siendo, y répito, de amor al uso, estan cargadas de admiración y respeto. Y es que, amigo mio, ¿hay forma posible de amor en la que no haya mutua admiración?

Siento lo extenso de mi comentario y el haber usurpado su espacio y su tiempo de esta forma para expresarme.

Ha sido un placer pasear por su blog.

Mariana dijo...

emmm..
bien.
me encanto lo escrito y siertamente los comentarios me abrumaron..
aqui hay gente interiorizada..
siempre cuando hablo de esta relacion todo el mundo en un desconocimiento escribe: ah que lindos..
no me basta..
jaja.
pienso...si me permite que le escriba.
que esta fue una relacion totalmente dependiente idiologicamente.
en mi propia experiensia puedo decirle y confirmarle que hay relaciones de dependencia en el sentido de respuestas existenciales.
y yo creo que por esta razon me siento tan identificada con ellos, apesar de que lo de ellos se diera hace algunos años, y que no tenga la capacidad intelectual de los mismos..
nunca la tendre..
pero... resuemiendo:
toda pregunta necesita una respuesta y en esta clase de relaciones las partes suelen ser preguntas y respuestas que tienen la urgencia de ser respondidas.
saludos sinceros.
un comentario algo atrazado.
pero me parecio interezante hacerle llegar mi gusto de leer lo sullo.
Mariana.

ev dijo...

Hola Pau

Hoy termino de cubrir ésta etiqueta, he ido leyendo por etiquetas y no en forma lineal. Interesante que comentaras también. No conozco nada de Sartre y Beauvoir lastimosamente como para poder contextualizar tu post… solo veo que pareciera que estás dispuesto a la entrega, a la experimentación y eso está muy bien. No sé si con el tiempo una se va haciendo más cauto o más desprendido, creo que se sucede en la medida que sentimos que el camino se ensancha, o hay confianza, así igual van cambiando nuestras permisividades, siento decir que no hay que dejarse, pero también sé que solo igual sucede que un día “cambias”… Un amigo me decía una vez que a veces hay conversaciones donde las dos personas hablan pero no se comunican. Uno dice su pensamiento, el otro dice el suyo, pero no lograr entrelazar sus vocablos o al menos permear un poquito. Eso es incomunicación, estoy segura que sabes de que hablo y pasa mucho con esto del Blog, lees comentarios que se fueron sobres sus propias líneas y está bien, eso sucede pero es angustiante cuando querías decir algo y no lo leyeron, o no te diste a entender, o no logró llegar tu mensaje… o no caló lo que querías, (pienso en vos alta Pau), y te cuento lo que pienso… Me haces pensar también en como será mi maleta, como va cambiando esa actitud al hacerla, lo practico o no que te vuelves al ir haciendo más viajes, se va aprendiendo… y desaprendiendo también… Sigo pensando en esto pero no te quiero agotar con mis reflexiones…
Un beso bien especial